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El autor de todas las monografías y artículos que están publicados en esta web es el Lic. Psicólogo Sebastián Méndez Errico. Aquellos trabajos pertenecientes a otros colegas están debidamente identificados con nombre y datos de contacto.

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La relación del Rol del Psicólogo con la Ética

Creemos que el rol del psicólogo en relación a la Etica estaria vinculado con estas preguntas:

- ¿Se deja de ser humano por ser sicólogo? - ¿Qué hago con lo que transferencialmente me produce una intervención terapéutica? - ¿Cómo se articula adecuadamente o desde el punto de vista ético la técnica, el conocimiento, el saber que poseemos, con el poder que esto conlleva en un vínculo terapéutico? - ¿Cómo usar correctamente esa información que tenemos para realizar una buena praxis? - ¿Se le soluciona un problema a un otro o se habilita un espacio de generación de herramientas que le permitan apropiarse de su situación y tener la libertad de elegir un camino a seguir? - ¿Se aliena más de lo que venía alienado? ¿se trata de “adecuar” a una realidad? - ¿De que manera actúa el sicólogo en cualquier intervención siendo inevitablemente atravesado por un contexto sociocultural? - ¿Qué marco y modelo de sociedad es propicio para un accionar ético del psicólogo? ¿Hay un apropiado marco legal que garantice una buena intervención, o buena praxis de los sicólogos a nivel nacional? - Y por último esta pregunta que plantea Gilles Deleuze: “¿Cómo puede un ser atraer a otro a su mundo, aún conservándole o respetando sus propios mundos y sus propias relaciones?”

Estas preguntas nos llevan a pensar que el rol del sicólogo estaría pautado éticamente por un énfasis en tratar de realizar una buena praxis, acentuando la escucha del paciente y/o la demanda del que consulta. Tiene que diseñar una estrategia acorde con esta escucha y la demanda planteada con la utilización de las herramientas y recursos con los que el sicólogo cuenta. Siendo conciente y autocrítico del saber con que cuenta y el poder que conlleva dicho saber en una relación terapéutica o intervención clínica. Tratará de utilizar el saber que tiene para luchar contra la reproducción del modelo médico de sometimiento del paciente al poder del saber con que cuenta el técnico, convirtiéndolo en mero objeto pasivo de la intervención. Sin dejar de ser humano para ser psicólogo ya que esto es imposible. Utilizando lo que me produce transferencialmente un vínculo terapéutico en pro del mismo, trabajándolo también a nivel de las supervisiones y de la terapia personal de cada psicólogo.

Ésta sería una postura ética en el quehacer del profesional del ámbito psi. Si bien los valores morales atraviesan al terapeuta en un contexto sociocultural, el sicólogo tendría que poder ir más allá de éstos valores morales y jerarquizar los aspectos que tengan que ver con una buena praxis que desembocarán en el mejor beneficio del que consulta. Esto sin caer en el error de pensar que lo que el terapeuta considere que es lo mejor para el que consulta sea efectivamente lo mejor para él. Sino que se trataría de habilitar el espacio de reflexión y generar las condicionantes y posibilidades para que el que consulta pueda apropiarse de su situación y tener la libertad de optar por un camino a seguir.

El terapeuta tendría que poder discernir en qué momento los valores morales están condicionando su trabajo técnico y repercutiendo directamente en una mala praxis y por lo tanto allí estaría fallando éticamente. Es decir, obrar éticamente bien o de forma ética para el sicólogo no pasa por actuar “moralmente”. Como lo explicita A. Raggio en su “Por una ética de la intervención. Notas acerca de la dimensión ética de la práctica psicológica”: “...Es necesario establecer una discriminación entre estas dos dimensiones: la moral, está referida a valores trascendentes, válidos en cualquier espacio – tiempo, la ética, es algo diametralmente opuesto, en tanto lógica de los encuentros y las afecciones, se refiere a los valores inmanentes producidos en el encuentro de los cuerpos. La ética es por ende amoral.”

Una buena praxis se traduciría o sería el resultado del quehacer de un psicólogo con una buena formación o instrucción, con capacidad crítica a todo nivel y con el respeto a lo vinculado con su quehacer terapéutico como por ejemplo la confidencialidad.

También, lo que tiene que ver con el marco de libertad en el cual el psicólogo debe actuar para poder desarrollar su actividad, es decir, lo que tiene que ver con el respeto a sus derechos como profesional y el contexto democrático que debe existir para habilitar estos derechos a nivel del psicólogo y de toda la sociedad.

Así mismo creemos que la ética y la buena praxis se irán desarrollando cada vez más en la medida que estos criterios que se plantean en el código de ética por ejemplo sean normativizados, uniformizados, reglamentados y lo que tiene que ver con una mayor eficacia legislativa en cuanto al ejercicio profesional del psicólogo que garantice realmente que quienes ejerzan esta práctica profesional en Uruguay cuenten con los requisitos mencionados más arriba.

 

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Articulos y Monografias

Reflexiones a partir de la practica clinica con adultos mayores

Contenido

Resumen - Introducción - La Vejez - Deconstrucción de Instituidos - El proceso grupal - Análisis del dispositivo de intervención - Análisis de la implicación - Bibliografía

RESUMEN

Este trabajo consta de una primera parte en la que trato el tema de la vejez desde una perspectiva general y apuntando a lo que son los últimos aportes en el tratamiento de la temática. Posteriormente , en el siguiente capítulo, abordo la deconstrucción de instituidos Luego realizo un análisis del proceso grupal. A continuación, efectúo una crítica hacia el dispositivo de intervención clínico del Servicio de Psicología de la Vejez. Por último se realiza un análisis de la implicación. Palabras Clave: Vejez, Clínica, Deconstrucción, Grupal, Dispositivo.

INTRODUCCIÓN

Me propongo en este trabajo, a partir de lo que ha sido la práctica clínica en el servicio de psicología de la vejez (programa psicosocial de prevención de los trastornos de memoria), intentar reflexionar sobre la misma articulándolo con distintos referentes teóricos que sean pertinentes para el caso. Abordaré esta tarea en base a cuatro niveles o ejes temáticos de reflexión. Para empezar, en forma general me voy a referir a la temática de la vejez pensando y trayendo a colación aquellos aportes de distintos investigadores del medio que han profundizado en la problemática que rodea este campo y a su vez han contribuido a enfocar e intervenir desde lo clínico con nuevas miradas. En lo que tiene que ver con el análisis propiamente dicho desplegaré una deconstrucción de aquellos instituidos que emergieron durante las entrevistas individuales y en el desarrollo de los distintos talleres grupales. Para esto utilizaré un marco teórico desde la Psicología Social del Río de la Plata, con una mirada pichoniana y con Alicia Fernández quien toma autores como Foucault, Derrida y Guattari. Así también tendremos un enfoque psicoanalítico a la hora de ver más allá, o lo que subyace a lo manifiesto. Cuando digo que realizaré un análisis me refiero a una deconstrucción desde lo explícito a lo implícito, desde los emergentes instituidos, naturalizados y cristalizados que hacen carne en las personas y grupos que pasaron por el servicio de Psicología de la Vejez hacia su problematización y posterior transformación praxis mediante, con todas las dificultades que conlleva este proceso. Este proceso de aprendizaje, sería un aprender a pensar que lleve hacia una adaptación activa a la realidad. Esto daría sentido a la tarea terapéutica que se intenta llevar a cabo en el servicio de Psicología de la Vejez, en el Programa Psicosocial de Prevención de los Trastornos de Memoria, mediante los diagnósticos situacionales que se efectúan a los pacientes en entrevistas individuales en una primera instancia, luego la integración en un proceso grupal en la modalidad de talleres llamados de “estimulación de la memoria” (que implica temporalmente las tres cuartas partes del proceso total) y finalmente una tercera etapa de retest para evaluar la mejoría o no de la persona consultante. Asimismo, me gustaría abordar el tema de lo grupal, en lo que respecta a la dinámica grupal y el proceso de aprendizaje que se despliega en el taller de estimulación de la memoria, dentro de esto, los distintos momentos del grupo, la comunicación intragrupal, roles, personajes y guiones que se despliegan a lo largo del proceso, características de la circulación de la ansiedad grupal, plasticidad y movilidad de los roles y personajes (líderes, chivos emisarios, etc.), así como también el grado de heterogeneidad grupal, en cuanto a sus integrantes, temáticas emergentes y formas de trabajar con el grupo. Para esta temática tendré como referente teórico a Pichón Riviere y Bauleo. Otro nivel de análisis tiene que ver con el cuestionamiento del dispositivo de intervención del servicio de Psicología de la Vejez. Esto implica enmarcarlo en el contexto de los servicios de salud del Uruguay y además abordar la metodología de trabajo del Programa Psicosocial de Prevención de los Trastornos de Memoria en el Servicio de Psicología de la Vejez. En este sentido analizar críticamente este dispositivo de intervención, intentando visualizar fortalezas y debilidades. Para esto tomaré una mirada desde Deleuze, en lo que tiene que ver con pensar desde los dispositivos de control, máquinas deseantes productoras de subjetividad, capturadoras de flujos y de líneas de fuga y la configuración del campo estriado partir del campo liso. El siguiente eje temático del trabajo apunta al análisis de la implicación. Esto abarca una mirada de la relación de quien escribe (pasante del servicio) con la práctica clínica, el nivel institucional y los múltiples atravesamientos entre los distintos niveles. Tomo a Lourau para la articulación teórica en este punto. Con estos cuatro ejes pienso abordar estas “reflexiones” que surgen de la práctica clínica desde diversos puntos, cada uno de ellos aportará a una mirada integral global. La Vejez Cuando comenté a una compañera estudiante que iba a cursar la pasantía en el servicio de Psicología de la Vejez, su primera respuesta fue “Puàj!!”, acto seguido expresó: “qué asco!”. Esta reacción de la compañera de quien esperemos, su primer paciente no sea un viejo, no es más que la expresión individual de un miembro de la sociedad. Una sociedad que le da un lugar de desecho a los viejos, un rechazo generalizado a lo que en algún momento todos seremos. Esto enmarcado en una sociedad que construye en su imaginario colectivo, mediante los principales productores de subjetividad, un culto a la juventud, a la productividad y a “lo bello”. Claro que “lo bello” se enmarca en ciertos parámetros que no son justamente los atributos que tiene el “ser viejo”. El miedo a la muerte se puede asociar a este rechazo a la vejez, pero esto, ¿no es también una construcción?. Se puede ser joven y morir, podemos vivir muertos o mejor dicho ser “muertos vivientes”; porqué el ser viejo se asocia a la muerte?, tal vez porque se lo asocia a la etapa de la jubilación y por tanto a la falta de “productividad” que esto conlleva en una sociedad capitalista como la que vivimos? A quién no le han dicho alguna vez como algo negativo: “sos un viejo!”, “sos un amargado”, hasta como un insulto. También han jugado el rol de chivos emisarios en esta sociedad, quién no escuchó alguna vez: “la culpa la tienen los viejos, hay que matarlos a todos”. Estos son sólo algunos ejemplos de los innumerables que podríamos exponer para demostrar el lugar que ocupan estos seres humanos en esta sociedad, el “fondo de la bolsa”, un desprecio generalizado, ser viejo “es horrible”, así se vive por todos, incluidos los “pobres viejos”. Graciela Zarebski en un artículo de la revista Tiempo (Zarebski, 2005), cita a Santiago Kovadloff que dice que: “En la vejez ajena se detestan las acechanzas de la propia. Ella es el espejo imperdonable en que nuestro sueño narcicista de eternidad se desvanece. Por eso suele ponerse más empeño en rehuìr esa experiencia descorazonadora, que en replantearla, comprendiendo su sentido esencial”. El aumento de la longevidad de años ha configurado “la vejez”, un nuevo campo de problemáticas se ha construido para su abordaje ya que “la vejez”, a su vez, ha desencadenado múltiples subjetividades, formas de ver, hacer, sentir y pensar así como de procesos de “enfermar”. Aquí es cuando desde la ciencia y los distintos ámbitos de la salud se intenta abordar a este “ser humano viejo”. En el ciclo de la vida se nace, se vive y se muere, de esto parece no haber ninguna duda, al menos materialmente demostrable. Pero ¿cómo se vive?, ¿es todo esto tan lineal?. El hecho concreto, es que tenemos viejos, muchos, y que nosotros lo seremos tal vez en algún momento y que hoy en día podemos asociar la vejez a una etapa de la vida en la que se puede llegar a ser muy feliz en el sentido de ser una persona autónoma, con proyectos, con deseos y sana física y mentalmente (caso ideal), o ser como en muchos de los casos un “enfermo”: problemas somáticos, mentales y cognitivos. Caso concreto y extremo son las “Demencias” como el estado de deterioro global que puede sufrir una persona. Pero lo que, como psicólogos tenemos que abordar, como la especialidad que nos concierne, si bien como todo problema complejo se necesita un abordaje integral, hablo de la subjetividad. Còmo las formas de ver, pensar, sentir y hacer construyen un “viejo” y aquí juegan un rol importante los productores de subjetividad, los grandes medios de comunicación, las instituciones como por ejemplo la ciencia; que hacen a una sociedad actual plenamente capitalista. Qué sujetos produce esta sociedad y qué enfermedades se despliegan como correlato de ésta. Pienso en este punto con esta lógica y no la enfermedad como un proceso intrínseco de un individuo. Los abordajes en salud y la ciencia en general (en su gran mayoría), plenamente funcionales al mercado capitalista han entablado lógicas y verdades en cuanto a formas de investigar ciertas problemáticas (enfermedades por ejemplo), así como de abordarlas. Tenemos aquí, dos puntos, por un lado, el “ser viejo” con la subjetividad que conlleva esta cualidad, y por otro lado los dispositivos que intentan abordar las problemáticas que se despliegan a partir de cierta/s cualidad/es configuradas. En este punto, me gustaría articular aportes que algunos investigadores y profesionales (llamémoslos “contrahegemónicos”) han desplegado para el abordaje de distintas problemáticas que conciernen no sólo a la vejez (más allá que se den en cierta edad), sino al ser humano en general. Me refiero a ellos como “contrahegemónicos” en el sentido que tienen una linea de trabajo que intenta integrar los distintos enfoques y miradas, siendo esta mirada global y contextualizadora; contraponiéndose a una linea “dura” y hegemónica que básicamente es positivista, biologicista, que concibe al ser humano y sus problemáticas como intrínsecas y propias de él y que a su vez piensa desde una intervención sesgada solamente hacia esos procesos intrínsecos que derivan en síntomas patológicos; fundamentalmente hablo de la lógica farmacológica como modelo de intervención y tratamiento. Este paradigma positivista, excluye otras perspectivas de abordaje de las problemáticas, no apunta a la interdisciplinariedad. Se comete el error de asimilar procesos biológicos a procesos psicosociales, así como extrapola la noción de cuerpo a organismo y la noción de psiquismo al sistema nervioso central; todos ellos errores conceptuales. La doctora y psicoanalista Graciela Zarebski señala que “nuestro desafío era y sigue siendo, entender en los condicionantes subjetivos, familiares, es decir del microcontexto, que inciden en distintos modos de envejecer”. Luego indica una serie de factores que dice “permitieron un cambio de paradigma gerontológico y psicogerontológico”; entre estos: “avances en las ciencias médicas, cambios culturales y sociales, surgimiento y desarrollo de nuevas disciplinas de la subjetividad”.(Zarebski, G., 2005) Resalta la importancia del trabajo en prevención y promoción de salud desde edades tempranas trabajando el envejecimiento. También el abordaje desde la complejidad de los elementos que configuran el envejecimiento y van a “condicionar los vínculos o el aislamiento, los efectos psicosomáticos, la realización personal o el estancamiento”. Le resta importancia a la resolución edípica como determinante de un envejecer sano y remarca “el peso del inconciente escindido vinculado a mecanismos de desmentida, destinados a sostener un narcisismo nirvánico”, (Zarebski, G. , 2005); es decir, una autoafirmación yoica, un sentido de la autoestima, de la fortaleza identitaria. En esta linea de pensamiento señala como elementos a tener en cuenta para la determinación de la patología en la vejez el predominio de mecanismos rígidos, la estereotipia y la no elaboración de duelos. A su vez son buen indicadores de salud los cambios y la transformación personal y del ambiente. Recomienda el mantenerse activo como “neutralizador” de sucesos traumáticos. También para prevenir el deterioro, la importancia de las redes consigo mismo (redes neuronales y plasticidad cerebral) y con el entorno (vínculos). La resiliencia como aquello que permite enfrentar las dificultades, las pérdidas, etc. La importancia de poder relatar, narrar, tener a quién, la participación comunitaria y contar con diferentes apoyos. Zarebski plantea además una cuestión filosófica, qué sentido tiene la vida, más allá de nuestra funcionalidad a un sistema social dado, quiénes somos; y habla de calidad de vida. De un cambio de paradigma en el sentido del avance y logros de las ciencias más allá de las estadísticas que digan que el promedio de vida aumentó como indicador de avance o progreso sino que apunte a la calidad de vida. ¿Qué queremos?, ¿mayor longevidad con Alzheimer o una vejez sana? Y señala en este sentido el interjuego entre Eros y Tánatos, y agrega quien escribe: pulsión de vida o muerte (de Freud), o las fuerzas revolucionarias o reactivas (de Nietsche). Otra interesante mirada en esta linea es la del biólogo argentino Luis María Sánchez, quien mediante una investigación logró una interesante integración entre varias dimensiones, lo psicológico, lo social y lo neuro - biológico. Sostiene la hipótesis de que “la personalidad de relación social y comunicación muy limitada, pérdidas personales significativas e incapacidad de afrontar las mismas se encadenan en dirección al auto bloqueo percetivo e instala el proceso denominado Alzheimer”.(Sánchez, L. M. , 2005). Sus conclusiones son las siguientes: “se abduce entonces que esta constricción aguda en lo relacional y comunicacional, sumado a la incapacidad de afrontamiento de las pérdidas personales, es el escenario de crisis en que se produce una desmotivación esencial para seguir viviendo, decisión que la persona afectada instrumenta mediante el bloqueo perceptivo, una modalidad de introversión social aguda, lo que desencadenará la anulación o aversión del reforzamiento natural de las redes neuronales, con la consiguiente desintegración progresiva de las funciones cerebrales. Estos son los lineamientos generales de la teoría psico – socio – neurobiológica sobre el origen del proceso de alzheimerización”. Esta interesante articulación para abordar una temática tan importante como la enfermedad de Alzheimer fue presentada en el Congreso de Demencias realizado en 2005 en Montevideo, al cual asistí y pude comprobar observando las reacciones que generó dicha presentación en neurólogos y profesionales de la salud, lo lejos que estamos de asumir posturas como las de Sánchez y trabajar en esta linea. Me recordó cuando leí las primeras conferencias de Freud en las que por fines del siglo XIX, principios del XX, él relataba las reacciones de sus colegas neurólogos ante sus novedosas y revolucionarias teorías, las que tildaban de disparatadas locuras y se le reían en la cara. Asimismo, el enfoque del Psicólogo Robert Perez, en la linea de la investigación de las Demencias, también plantea un cambio de paradigma en el abordaje de estas patologías. “Desde una perspectiva que intenta aproximarse a la complejidad de las mismas”. Plantea “una estrategia integral de abordaje...”. Señala las principales lineas hegemónicas de investigación con sus potencialidades y sus limitaciones en cuanto a no abordar las demencias desde la interdisciplinariedad. “Se plantea entonces la necesidad de incluir en los estudios la complejidad del fenómeno, así como el suficiente rigor científico que habilite una actitud antidogmática y no soberbia respecto a sus hallazgos”.(Perez, R. , 2005). Su perspectiva es la “Multidimensional” que integra (a grandes rasgos), en su abordaje: lo somático, en cuanto a los componentes del sistema nervioso central; lo cognitivo en lo que tiene que ver con las funciones de alta integración cortical; la dimensión psicoafectiva y lo socio – familiar. Deconstrucción de Instituidos En este capítulo voy a analizar los instituidos que se presentaron en los consultantes a lo largo del proceso clínico en el programa psicosocial de prevención de los trastornos de memoria. Instituidos que circulan en el imaginario social “haciendo carne” en los individuos que forman parte de él. Como tarea que tenemos los psicólogos de analizar, criticar, deconstruir estos instituidos que se manifiestan en forma de verdades, clichés, naturalizaciones diversas que configuran una realidad que no es dada sino construida. Esto a su vez, determina una subjetividad, es decir, una forma de ver, de hacer, de pensar y sentir en el mundo. Entonces, como tarea terapéutica, este enfoque deconstructivo busca concientizar, promover la mirada crítica y por tanto promover salud, en el sentido pichoniano de adaptación activa a la realidad. Esto se intentó realizar durante el proceso de intervención de la pasantía y en este trabajo, se transmitirá, en forma concisa y detallada, algunos de estos emergentes que a continuación analizaremos. Desde esta mirada puede confundirse, tal vez, por un lado, la actitud epistémica de abordar una problemática y por otro la modalidad terapéutica que se materializa en la práctica clínica. Creo que son aspectos indisociables de un mismo proceso, por ende, la práctica clínica conlleva esta actitud epistémica. Lo que sí analizaremos en otra parte de este trabajo (siguiente capítulo) es lo que tiene que ver con el análisis de los universales (concepto que desarrollaremos oportunamente) en el sentido que Pichón Riviere le da, en cuanto a la elucidación desde lo manifiesto a lo implícito que emerge por medio del portavoz en una dinámica grupal, lo que él ejemplifica con el esquema del cono invertido. Como marco teórico para enfocar esta tarea deconstructiva tomo como eje el capítulo VIII: “Notas para la constitución de un campo de problemas de la subjetividad”, de Ana María Fernández, del libro: “Instituciones Estalladas”. Esta autora explicita notablemente, en una compilación de autores y desarrollos propios, lo que quiero exponer en este punto del trabajo: “Para que aquello que se universalizó pueda articularse es necesario realizar, a mi criterio, por lo menos dos operaciones en estrecha interrelación: a) una elucidación crítica de las nociones universalizadas, es decir des - esencializar. b) Trabajar una dimensión socio – histórica en la noción de subjetividad. Para el trabajo de des – esencialización han sido y son importantes instrumentos conceptuales las nociones de elucidación crítica (Castoriadis), deconstrucción (Derrida) y análisis genealógico (Foucault).” ¿A qué nos referimos cuando decimos que haremos una deconstrucción de los instituidos que emergieron manifiestamente en el proceso clínico? Fernández, cita a Derrida para desarrollar este concepto: “Deconstruir es desmontar, problematizar la relación inmediata y natural del pensamiento (logos) unido a la verdad y el sentido. Supone una rigurosa problematización de los supuestos hegemónicos que legitiman la búsqueda y garantía del origen como fundamento último de la razón patriarcal.” ; “El modo deconstructivo provisto por Derrida, articula la inversión y el desplazamiento de las oposiciones binarias, de manera tal de hacer visible la interdependencia de términos aparentemente dicotómicos y cómo su significado se relaciona con una historia genealógica y particular y construidos para propósitos particulares en contextos particulares. Hace visible que las oposiciones no son naturales sino construidas. Es en tal sentido, lectura entre líneas de lo no – dicho en lo dicho, intenta seguir los efectos sutiles y poderosos de la diferencia en acción, dentro de la ilusión de una oposición binaria.” En este campo epistémico, que pienso, debe ser actitud permanente del psicólogo en sus prácticas, Fernández, en este mismo libro, se refiere al análisis genealógico de Foucault como otra herramienta que “ permite encontrar los puentes entre las narrativas teóricas y los dispositivos histórico – sociales – políticos – subjetivos que sostienen. En tal sentido indaga sobre las condiciones de posibilidad, los principios de ordenamiento, las formas de enunciabilidad y los regímenes de verdad de sus producciones teóricas”. Resume, más adelante que: “... lo que hoy día está en cuestión es la existencia de un mecanismo universal de estructuración del sujeto”. Una frase de Castoriadis, evocado por Fernández en este mismo libro nos habla de la elucidación, tarea que pretendimos llevar adelante en la pasantía y en el presente trabajo: “Elucidar es el trabajo por el cual los hombres intentan pensar lo que hacen y saber lo que piensan” . ¿Para qué pensar de esta forma en la implementación de determinado dispositivo de intervención en la práctica clínica? Pienso, en este punto, que promover esta actitud crítica en este ámbito, es promover salud. Las resistencias al cambio, los miedos, hacen que las personas se sujeten a “verdades”, “instituidos” que más que otorgar alivio y seguridad generan rigidez y estereotipia, caracteres mismos de la patología. El comenzar por el cuestionamiento moviliza y a esto me refiero en un proceso terapéutico. Es un constante cuestionarse a sí mismo, a la propia tarea que se despliega por parte del analista, enmarcarla en su contexto, problematizarla y tener la misma actitud para con quien se interviene: señalando, interpretando, cuestionando y promoviendo acción transformadora. A continuación despliego el material clínico y su análisis propiamente dicho. Aquí comenzaré a desplegar el análisis de lo que fueron expresiones verbales y no verbales de las personas que participaron como denominados pacientes durante el proceso clínico del Programa Psicosocial de Prevención de los Trastornos de Memoria. Guardo para el siguiente capítulo lo que es un análisis de este punto enmarcado en la dinámica grupal. En este capítulo planteo emergentes surgidos en los talleres de estimulación de la memoria así como también instituidos que emergieron en las entrevistas individuales previas al inicio de los talleres. Desprendemos del discurso de diversos denominados pacientes las siguientes frases: - “ A esta edad ...”; “ ... los años se me vienen encima, ya tengo 67”. Al preguntar sobre proyecto de vida se contesta: - “a esta altura ... lo que venga me adapto”. - “Después de los 60 hay cantidad de cosas que están vedadas”. Pregunto acerca de cuánta gente visita a la casa: - “No muchas porque eso se ha perdido, cada uno está en lo suyo, me tiene muy harta la estupidez humana. Para salir a buscar problemas me quedo en casa”. Algo que se repite en varias entrevistas: - “Trato de molestar lo menos posible”; o “Trato de molestar lo menos posible a los que me van a cuidar a mí”. Pregunto cómo definiría su actual etapa vital: - “Tiene que ser una etapa de aceptación de cosas que no puedo hacer. Quiero planear las cosas, trato de hacer cosas. Al tener que aceptar cosas que no puedo hacer es negativo pero es positivo porque para mi edad estoy bien”. Analizando estas frases podemos visualizar varias cosas. En primer lugar una especie de carga, de mochila pesada sobre los hombros. Da sensación de impotencia, de no poder, de aceptación, de pasividad, retraimiento. La edad como justificante de la impotencia “los años se me vienen encima”, como si fuera una enorme montaña que se abalanza sobre su humanidad. Si bien la vejez implica pérdidas y adaptarse de alguna forma a esto, la aceptación sana no implica pasividad sino poder elaborar esas pérdidas e intentar buscar nuevas metas realizables. “Trato de molestar poco”, aquí noto fragilidad narcicística, un yo débil, una autoestima en menos. ¿Porqué? Tal vez por falta de poder diversificar los vínculos, de buscar pares con problemáticas similares con quien poder narrar historias, anécdotas, problemas actuales y proyecciones futuras. También esta “autodevaluación” del viejo es espejo de lo que la sociedad le devuelve, lo que circula en el imaginario social y se materializa en la vida cotidiana. La falta de metas y proyectos, parece que ser viejo paraliza, inmoviliza y se “acepta”, es una forma de morir, de vivir muerto. Podría metaforizar que estos sujetos viejos ya “no sirven”, “no producen” y por tanto son desechos humanos. La sociedad de consumo capitalista se sirve de individuos funcionales a sus intereses, un viejo sólo puede consumir en el mejor de los casos o ser una carga para el estado, siempre pensando en lógicas mercantiles que son las que campean por estas épocas. Se desprende de estas frases naturalizaciones de lo que es tener cierta edad “después de los 60 ...”. Los 60 marcan un límite, un pico donde comienza la “bajada”. Si bien las limitaciones somáticas pueden ser válidas para ciertas discapacidades adquiridas, hay una subjetividad, un “plus”, que determina formas de pensar, sentir y comportarse. Al comenzar los primeros talleres grupales (hablamos de un grupo compuesto por personas de nivel educativo terciario), de estimulación de la memoria, una de las integrantes manifestó: “esto no es psicoterapia”. Esto se produjo en un contexto en que los distintos participantes se encontraban presentándose y contando algo de sus historias de vida y en algunos casos afloró la angustia. La reacción de este integrante la podemos interpretar de varias formas. Podemos dilucidar lo que circula en el imaginario social acerca de lo que implica “la psicoterapia”, un taller ¿no es acaso terapéutico?; ¿no se asiste con el fin de lograr una mejoría en este caso de la memoria?. Vemos en esta expresión emergente la disociación entre lo que puede ser la afectividad y lo que son las funciones cognitivas. Dualismos extrapolados desde el paradigma positivista hacia los ámbitos sociales y que “encarnan” en individuos que lo reproducen. También puede desprenderse la creencia popular de que al psicólogo van los locos con la consiguiente herida narcicista que puede generar el sentir que se está yendo a “psicoterapia”. Cuando planteamos al grupo que pensaran en torno a qué implicaba para ellos la memoria surgieron distintos temas que la relacionaban a lo biológico, al diagnóstico, la psicoterapia y las técnicas de estimulación. Más o menos esta fue el orden de aparición de las asociaciones en relación a la memoria. En este punto, primero aparece lo biológico, como determinante primero, como causa intrínseca a cualquier individuo que padece un problema, como un trastorno de memoria. Luego aparece la necesidad de un “Diagnóstico” y un “tratamiento” que implica “psicoterapia” y “técnicas de estimulación” como solución. Todo una lógica preestablecida que subyace tras la discusión grupal, lógica que responde a un modelo médico hegemónico. Los “pacientes” se saben muy bien la letra de este “tango”, siendo un tanto esquizoanalítico tenemos todo desplegado un campo extremadamente rizomático, cuadriculado como un mapa. Desde aquí tenemos una visión que también es extrapolada desde el positivismo, que concibe al individuo poco más que como una máquina que por algún corto circuito se ha dañado y por tanto se necesita saber qué tiene para luego “arreglarlo” de alguna forma. Visión totalmente funcional a un sistema social opresor que necesita este tipo de subjetividad superficial para perpetuarse. Ni qué hablar que funcional a la industria farmacológica y por tanto al Mercado ya que si hay una solución “mágica” para “arreglar” mi problema estaré salvado. Más adelante veremos frases que emergieron en este sentido, fundamentalmente en la gran demanda de “técnicas salvadoras para recuperar la memoria”. Con esto no quiero decir que no haya que diagnosticar, ni que no haya que tener en cuenta los procesos biológicos, sino que quiero exponer lo que surgió de antemano en una discusión grupal en la que la consigna era pensar lo que implicaba la memoria. También el contexto jugó a favor de estas apreciaciones ya que la influencia de ser un grupo al que concurren personas que dicen tener trastornos de memoria tuvo su importancia. Lo significativo de esto es que la gran mayoría de personas de este grupo, por no decir todos, presentaban quejas subjetivas de memoria. Es decir, no presentaron en las pruebas que se les realizó en la etapa previa de diagnóstico situacional, alteraciones cognitivas significativas, ni trastorno orgánico alguno. Afloró pues la necesidad de explicarse en algo biológico su padecer subjetivo de problemas de memoria. En un ejercicio en el cual se les consignó formar una historia con palabras que se les daba sin conexión entre ellas pudimos ver como resultado generalizado un tinte nostálgico en todas las historias. Un pasado añorado, un presente triste: “el pobre hombre triste”; “veranos quedaron atrás”; “pasado atormentaba”; “futuro incierto”; “lento pasar de los días”; “quizás inútil búsqueda de la felicidad”; “perdiendo memoria”; “viendo niños y jóvenes disfruta”; “ve viejos tristes”; “la casa ya no es la misma, hay un cartel de `se vende´”. “Los padres le comentaron que no había que rechazar a los viejos porque era el futuro de todos”. “Animal viejo y triste añora su pasado”. “Rechazo a los viejos”. Vemos aquí, además de tristeza y nostalgia, sentimientos de rechazo, frustración, impotencia, la contraposición entre jóvenes alegres y viejos tristes. La identificación con un “animal viejo y triste”, que “añora su pasado”. La “pérdida de memoria”, como si fuera una batería que se va gastando o en una lógica cuantificable. En otra dinámica de reflexión y discusión grupal en la que había que pensar en torno a ciertas frases que indicaban afirmaciones prejuiciosas como por ejemplo `Los humanos con el paso del tiempo se van desgastando´. La primera reacción fue confirmar esta afirmación, “estamos de acuerdo, orgánicamente los humanos se van desgastando”, “la vida está programada biológicamente para 120 años”. `Cuanto más edad se tiene hay menos memoria´, - “Es cierto”. Tras algunos señalamientos por parte de la coordinación aparecieron respuestas un tanto mas alentadoras como “con la edad el vocabulario se incrementa”, “la experiencia de vida enriquece”; en cuanto a la primera frase: “si se la toma a rajatabla es así pero tiene su vuelta de hoja”. Otra vez podemos ver instituidas varias cosas como la naturalización de que lo orgánico es el origen del desarrollo de la vida y la enfermedad. La idea de que estamos programados para vivir tanto tiempo, esto quizás sacado de algún medio que difunde todo el tema de la Genética, porque ahora todo se reduce al genoma humano. Bastó sólo un señalamiento de alguien que representa en el grupo el lugar de poder – saber (coordinador) para que sea repensada la problemática. Vemos cómo el lugar institucional que se ocupa ejerce y ocasiona efectos por lo que más que nunca pude experimentar la gran responsabilidad ética que implica ocupar un lugar con estas características, además del lugar que ocuparé cuando efectivamente sea psicólogo. Al ir transcurriendo los talleres, varios integrantes expresan la necesidad de que “les demos” más técnicas para “detener el olvido”, además de expresar que el taller “no era lo que esperaban”. Aquí se expresa la necesidad de las “soluciones mágicas”, del tipo “Compre Ya la pastillita mágica y verá los resultados en 48 horas”. Los viejos forman parte de esta sociedad que fomenta esta necesidad de solucionar rápido, de no pensar, de una industria farmacológica muy poderosa que impone con la complicidad de la ciencia y los profesionales que la sustentan una modalidad en este sentido. No solamente en el ámbito de la salud, la velocidad alcanza todos los ámbitos, la mediatez, revolución tecnológica mediante, produce sus efectos. Todo es “light”, “soft” y rápido, “no podés perder el tren”, esta subjetividad atraviesa a todos y los viejos quieren soluciones ya. La actitud pasiva también atraviesa, “que me den”, no te muevas de tu sillón si te damos todo en bandeja, el moverse (física y mentalmente) puede doler y a nadie le gusta sufrir, para eso tenemos el ejemplo de Jesús Cristo que ya sufrió bastante por todos nosotros los “Cristianos”. Esto un poco en broma es bastante serio pero no quiero irme de tema, quieren “detener el olvido”, cuando lo importante sería construir memoria, con acción, generando futuro. La memoria se ve aquí presa de un final inamovible, la demencia se agita como un fantasma al acecho, hay un miedo por parte de los viejos a dementizarse, la inquietud pasa por un vacío que se siente al no saber qué cosa dentro de mí puede ocasionar una enfermedad tan terrorífica como el Alzheimer. Entonces la persona puede estar pensando: `tengo tantas cosas en la cabeza y tanta ansiedad que ya ni presto atención a lo que hago y ¿qué sucede?, me olvido, uy lo que me está pasando! Ya no recuerdo que dejé la caldera calentándose y la ropa colgada toda la noche en la terraza! No será que me estoy dementizando?, me estoy volviendo chocha!´ Pasa entonces por reflexionar que más allá de las limitaciones biológicas los humanos podemos producir cultura, tenemos lenguaje, podemos comunicarnos y tener conciencia de ello, podemos pensar y que esto nos diferencia de los animales. Entonces detener el olvido, ¿detener la muerte?; pues entonces a construir vida. Aquí es cuando a partir de señalamientos diversos y cuestionamientos en el grupo acerca de estos instituidos que vemos cristalizados en mayor o menor medida en las personas es que podemos empezar a movilizar y a pensar en el “Proyecto de vida” en la vejez, en el deseo, en la construcción de memoria y de vida. Volviendo al tema del poder, el cual opera en todas partes, es omnipresente, al decir de Foucault, y como estamos dilucidando, produce ciertas visibilidades e invisibilidades. Tratamos en esta deconstrucción de dar luz a estas “oscuridades” que aparecen en estos instituidos que estamos viendo. En una discusión grupal surge el tema de las plantas de celulosa, ya que estábamos tratando las noticias de la semana. Tomo la siguiente frase que un integrante formula acerca de la conveniencia o no de estas plantas: “son de última tecnología, lo dijo Tabaré, lo que es toda una garantía ya que es médico y oncólogo”. Más allá del `debate´ que hoy tenemos en torno a este tema, lo llamativo aquí es lo poderoso que es el lugar del médico como “garantía”. Sólo este lugar institucional, con lo devaluada que está la clase política, produce un efecto cuasi anestésico en las personas ya que es sabido la escasa y superficial información que existe en la opinión pública sobre este tema a pesar del incesante tratamiento del mismo. Con el cuerpo también pudimos ver los instituidos en la vejez. En una dinámica en la que trabajamos con el cuerpo transitamos mediante la expresión corporal distintas etapas de la vida. La consigna era: `ahora compórtense como un niño, luego imaginen y actúen como jóvenes, luego como adultos y finalmente como viejos´. Quedé asombrado de la metamorfosis que observé de estas personas en tan poco tiempo. Pude comprobar la subjetividad que representa ser niño, joven y viejo. Esa tarde soñamos a revivir esas etapas de la vida, tal vez deberíamos haber empezado por la vejez para que terminen tan eufóricos y enérgicos como cuando “fueron niños o jóvenes” por unos segundos. La forma de sentirse, pensarse y actuar como niños, jóvenes y viejos, generaba una expresión corporal determinada, esta subjetividad, sin duda es muy importante a la hora de cumplir un rol en esta sociedad, más allá de procesos somáticos, que me inclino a pensar son fuertemente determinados por esa subjetividad que a la vez es producida por las distintas “fábricas” que componen una sociedad, una cultura en un momento histórico. Este paradigma positivista del que ya hablamos, producto del dualismo individuo – sociedad y otros dualismos como psico – socio – bio, se extrapola desde las ciencias a los procesos psicosociales por ejemplo lo que produce cierta subjetividad y cuerpos; instituye determinados cuerpos, conductas, etc. Es importante tomar en cuenta la implicancia de los disciplinamientos a partir de las distintas instituciones que lo conforman y cuyo producto final son, entre otros, las personas. Lo mencionaron ya los integrantes de la antipsiquiatría (Laing, Cooper, etc.), el poder e influencia que tiene por ejemplo la asignación de un diagnóstico. Los encasillamientos, las etiquetas, pueden ser útiles para la comprensión de un fenómeno, para el acercamiento a su estudio, el tema es los efectos que produce en las personas que caen bajo esas denominaciones. Es tal vez, la necesidad de controlar el mar de caos en el que nos encontramos cuando queremos conocernos, hablo de los humanos. Los viejos que dramatizaban ser niños corrieron, saltaron, imitaron a Superman, jugaron a la rayuela; los dolores y las quejas somáticas no fueron un impedimento. Luego se “convirtieron” en jóvenes adolescentes y exclamaban: “que no me miren”, se tapaban, “me decían piropos”. Al pasar a ser adultos ya la cosa cambió, se veían más preocupados, apurados, cargando cosas. Al representar el “hoy” hubo un “afloje”, sienten “falta de energía”, “pérdida”, “complicada”, “trayecto”, “recuerdos”, “abuela”. Otro dice ser “un árbol que se fue cayendo y que ahora está medio pelado”, siente “frustración”. Sobrevinieron luego las siguientes muestras de nostalgia y resistencias que se expresaron con la emergencia de nuevos instituidos: “uno nace con la vocación de ser madre”, naturalización del rol que al género le compete para esta sociedad. “no sentí nada, la vida que tuve es la que me correspondió, lo que me tocó vivir”. Aparece esa noción como de vida pre – establecida y “lo dado” como natural, “lo que me tocó”, no hay opción. Aparecen una y otra vez muestras de mayor apertura en algunos casos y de resistencias en otros: una integrante hablando y cuestionándose en torno a su actividad laboral manifiesta: “me siento menos enérgica, en una burbuja que si la pinchás no hay nada”, “uno se cuestiona y salen otras cosas”, “renovás” (acota otra integrante del grupo). “Esto tendría que ser un anticipo y que luego venga la vida”, es como si se planteara que se está dando cuenta demasiado tarde de algunas cosas, ¿de hallarle sentido a la vida? Otra integrante plantea el “vivir al día” y el ¿proyecto de vida?. Otra plantea “entregar las riendas a Dios”, “tener el control de todo no se puede”; “voy a aflojar porque soy una acelerada, difícil manejar mi cuerpo”. Todo esto surgió de trabajar con el cuerpo en uno de los últimos talleres. Además surgió lo siguiente que pautaron cierta elaboración o intento de hacerlo en el sentido de pensar en las pérdidas, en lo que ya no se puede hacer, en lo que están sintiendo en esta etapa de la vida. También junto con esto se reforzaron las resistencias, las racionalizaciones y negaciones emergieron a más no poder y con ellas los instituidos. “Ahora pasé al otro extremo, como que me desenchufé de la máquina eléctrica”, “estás en un proceso preoperatorio”, le acota una integrante intentando explicar los “síntomas maníaco – depresivos” de su compañera, recordándole que en unos días la operarían. Otra integrante expresa: “volví a pensar en cosas que nunca había vuelto a pensar, recuerdos, no nostalgia, ni tristeza”. “Sentí los sesenta, siempre tuve presente la gráfica de los sesenta ... se terminó una cantidad de cosas que podías hacer, es otra etapa distinta. Una meseta y de ahí para abajo. Cuestión de asumirse, hay cosas que ya no, ya estás de otra forma, es como una pérdida. Que te quede, como decía mi padre, vivir de regalo. No te podés subir al árbol, las alturas, asumir que a partir de ahora hay que cuidarse. Las energías, mi cuerpo no da más para trabajar, no quiero más compromiso”. Luego aparecen comentarios sobre “la forma de ser del uruguayo”, como “triste, gris, amargo”. Con esto la resistencia emerge ya con toda su fuerza como opositora a todo cambio, “el uruguayo es así” y punto; y como expresión de ésta, emergen al final de la discusión de este rico taller, anécdotas de intentos de robo que sufrieron integrantes del grupo en las “peligrosas calles”. Esto, no es más que una metáfora, o simbolismo de la ansiedad que circulaba en el grupo y los miedos que generaba el cambio, sólo pensar en él ya que se podía sufrir el “ser robado” o perder esa “seguridad” lograda que otorga la situación en su estado actual de cosas. Más de lo que fue el proceso grupal lo vemos en el siguiente capítulo. El Proceso Grupal Utilizo a Pichón Riviére y a Armando Bauleo para la lectura del proceso grupal. Pichón, sostiene que “El análisis sistemático de las situaciones grupales nos ha posibilitado registrar un conjunto de procesos relacionados entre sí, que nos permiten, por su reiteración, considerarlos como fenómenos universales de todo grupo en su estructura y dinámica” .En este sentido, creo oportuno utilizar la teoría pichoniana con el fin de articular lo acontecido en el propio proceso grupal de los talleres de memoria. Pichón argumenta que la tarea del terapeuta en cuanto al análisis que conlleva todo proceso en un grupo implica hacer explícito lo implícito. Para esto utiliza la metáfora del cono invertido: esquemática pero clara. “En este cono vemos una base, un vértice y la espiral dialéctica. En la base: se ubican los contenidos emergentes, manifiestos, o “explícitos”. En el vértice: las situaciones básicas o universales “implícitas”. La espiral grafica el movimiento dialéctico de indagación y esclarecimiento que va de lo explícito a lo implícito, con el objeto de explicitarlo”. A partir entonces de los emergentes que se manifiestan es que intentamos indagar los “universales” que actúan en forma latente. Estos universales serían por un lado: “a)Los miedos básicos: 1) miedo a la pérdida de la estructura ya lograda y 2) miedo al ataque en la nueva situación a estructurar. b)La `situación terapéutica negativa´ frente a la situación de cambio configurada por: 1) miedo al cambio; 2) resistencia al cambio. c) Un sentimiento básico de inseguridad (la fórmula es `más vale pájaro en mano que cien volando´). d) Los procesos de aprendizaje y comunicación: Ambos aspectos forman una unidad y son interdependientes. La comunicación es el riel del aprendizaje. e) Las fantasías básicas: 1) de enfermedad; 2) de tratamiento y 3) de curación.” Apunto en el análisis grupal a articular junto con el enfoque de Bauleo, los puntos anteriores enumerados por Pichón así como algunos de los puntos que él marca como fundamentales a los efectos de la “tarea correctora” que debe manejar el terapeuta. De este “ECRO” (esquema conceptual referencial operativo), tomo: - El concepto de portavoz, no como lo plantea Pichón en este artículo (enfermo como portavoz de la enfermedad grupal), sino como el emergente de una situación grupal, de una ansiedad grupal que se manifiesta en uno de sus integrantes. - Por otro lado tomo en cuenta el análisis de los roles asumidos y adjudicados en la dinámica grupal, así como su rotatividad o rigidez. - También analizo las ideologías o prejuicios, tarea que fundamentalmente realicé en el capítulo anterior. - Lo no dicho en el grupo. - “Las fantasías de omnipotencia e impotencia que fácilmente se proyectan en el terapeuta como una forma de impotentizarlo y paralizarlo. (el terapeuta es el ser que lo resuelve todo o el ser impotente que nada puede hacer).” En este sentido, los miedos básicos los pudimos ver a lo largo del proceso grupal emergiendo como resistencias en variadas formas. La rotatividad de los roles creo que en el taller de memoria, fue un grupo en el que los roles circularon en forma bastante plástica si bien hubo ciertos integrantes sobre los que recayó mayormente el liderazgo, pero no hubo rigidez y por tanto fue un funcionamiento saludable en este sentido. En cuanto a las fantasías de omnipotencia e impotencia proyectadas en el coordinador, es algo que se pudo visualizar claramente en expresiones como: “queremos más técnicas para la memoria”; “que los coordinadores opinen más, necesitamos su opinión”; “el coordinador es muy serio y seguro de sí mismo”; “el taller no era lo que esperaba, estoy peor”. Pero quiero que lo que acabo de exponer de Pichón, sea la antesala introductoria para entrar de lleno al análisis del proceso grupal, con la articulación del material clínico correspondiente. Esto me parece más claro y pertinente realizarlo con la apoyatura teórica de Bauleo. Es importante destacar la tarea terapéutica en el marco de los talleres de memoria pensándolo también como un aprendizaje grupal y los momentos por los que transitó el grupo. La tarea sobre la que giraba el despliegue de los talleres se enmarcaba en la estimulación de la memoria. Esto implicó el objetivo en permanente construcción (si bien tuvimos una guía referente a seguir), de una tarea integradora, reflexiva, acerca de los procesos cognitivos que esta función de alta integración cortical implica así como los procesos afectivos que conlleva. Esto, con un marco en el que se despliegan en este espacio grupal distintos acontecimientos y fenómenos. Según Bauleo , en el aprendizaje grupal tenemos tres elementos a tomar en cuenta. Por un lado, la información que trasmitimos quienes cumplimos la tarea de coordinación grupal y además la que surge en el grupo mediante aportes de sus integrantes. Pero fundamentalmente la que trasmite quien coordina. Como coordinador, tuve este papel (junto con mi compañera), recuerdo sesiones en las que específicamente tratamos el tema de la memoria y dimos una especie de “clase”, para intentar trasmitir y enmarcar en un contexto teórico las distintas técnicas y dinámicas que desarrollamos. Esto fue prácticamente a lo largo de todo el proceso en un intento de clarificar permanentemente la tarea. Esta trasmisión intentamos realizarla de la forma más global e integradora posible. Hablamos del enfoque desde la psicología cognitiva con los instrumentales de inteligencia entre los que se incluía la memoria, dimos ciertas nociones desde la neuropsicología y tratamos de darle una visión psicosocial integrando también lo afectivo de alguna forma. Por otro lado, Bauleo, indica como importante lo emocional, como otro elemento que juega en lo que implica un cambio en el proceso de aprender. Lo afectivo subyacía siempre a lo largo de todos los talleres y tomaba distintas formas de acuerdo a las ansiedades reinantes de acuerdo al momento que el grupo transitaba. En este sentido, Bauleo señala el interjuego permanente entre la información y la afectividad que se moviliza frente a determinado material que le es aportado al sujeto; “... pero a su vez también ella interviene en la búsqueda de nuevo material para lograr satisfacción (epistemofilia), aunque a veces se frustra en esa búsqueda”. Como tercer elemento está la producción, lo que se va produciendo, construyendo en ese proceso de aprendizaje y lo que se obtiene al final del mismo. Lo que tiene que ver con la información, intentamos trasmitirla promoviendo la participación activa de los integrantes del taller, promoviendo la reflexión permanente y concientizando acerca del porqué y para qué de las técnicas que utilizábamos para “estimular” la memoria. En esta linea Bauleo aclara: “...el aprendizaje como producción que significa que del juego de educador – educando, con implicancia en ambos de información y afectividad, aparecen nuevos elementos como producto de ese interjuego”. “... Cuando hablamos de producción esta denominación alcanza también en la enseñanza a la posibilidad de crear nuevos elementos transformando lo dado se convierta en instrumento de búsqueda. De aquí que aprendizaje no es sólo la asimilación de la información sino también la posibilidad de utilizarla”. Entonces, parafraseando a Bauleo, “...comenzaremos por observar cómo se desenvuelve un grupo que recién se arma frente a una tarea y las vicisitudes que recorre en su desarrollo”. Marca pues, tres momentos que se visualizan en el funcionamiento grupal, “... que aunque tienen una primera sucesión genética, luego aparecen siguiendo o no esa secuencia, de acuerdo a las circunstancias, a las exigencias de los problemas que se tratan”. Un primer momento de “indiscriminación”. “Aparecen confusos los objetivos del grupo, no estando clara la tarea; aunque intelectualmente se pueda responder, el razonar sobre ella es posterior”. Aquí puedo hacer referencia a lo que fueron los primeros talleres, en los que se solicitaba permanentemente por parte de integrantes del grupo mayor “orden”. Pedían que los coordinadores fuésemos más severos a la hora de ordenar la tarea y los “desvíos” de algunos integrantes que no tenían “clara” cual era la conducta a cumplir. Estos señalamientos fueron hechos por dos integrantes que ya habían cursado el taller años anteriores a diferencia del resto que lo hacía por primera vez. Esto que marca Bauleo se dió de esta forma, hubo que explicitar una y otra vez el encuadre tratando de clarificar los objetivos y la tarea en medio de una gran ansiedad confusional del grupo. Continúa Bauleo señalando que: “Las tácticas que se utilizan, los roles en juego, las actitudes, las conceptualizaciones o categorizaciones, son elementos que están en alto grado difusos o no diferenciados. La participación de los integrantes está basada en una perspectiva individual y no grupal, participación en el sentido de lo que Bach denomina `técnica del banquillo´; la referencia a otro grupo y no al presente es habitual”. En este punto, fue realmente muy interesante comprobar esto en la práctica. Las referencias a otros grupos, sobre todo por quienes ya habían cursado los talleres en otras oportunidades eran permanentes: “porque en tal taller con fulano hacíamos esto y aquello, y no esto, esto no es psicoterapia”, comentaba una integrante señalando que no era esa la forma en que había que comportarse en ese taller, ya que había algunos integrantes que en determinados momentos `se iban por las ramas´, contando algo de su historia y más de una vez afloraba la emotividad y la angustia. Se nos marcaba por parte de estas integrantes la necesidad de que interviniéramos y pusiéramos `límites´. Nosotros tratábamos de llevar adelante el taller con nuestra inexperiencia en el manejo de grupos de la mejor forma y estábamos siendo presa de esa falta de “cancha” para manejar esos momentos de confusión e indiscriminación grupal. Asimismo, sentimos esos cuestionamientos por parte de estos integrantes hacia la coordinación como errores propios y así se nos lo hizo sentir también en la supervisión, pasando por alto que en realidad era un momento del grupo totalmente normal y factible que pasara lo que estaba pasando. Nuestra actitud creo, fue bastante acertada dentro de la inexperiencia y la falta de una guía clara, tratamos de no tomar partido por nadie en el grupo, remitiéndonos a la coordinación grupal y al direccionamiento hacia una configuración propia del campo enmarcada en los parámetros de los objetivos y estrategia que íbamos planificando. Este momento de indiscriminación y gran ansiedad desembocó en la cada vez más insistente queja de estos dos integrantes que ya comenzaban a jugar un rol de saboteadores de la tarea misma. “No hay conducta grupal”, se nos planteaba al final del taller. Hasta que en cierto taller, manifiesta esta persona: “quiero plantear mi desilusión de este grupo ...”. Ante este planteo ya en el taller mismo, el cual hasta el momento había sido planteado `por fuera´ a los coordinadores, pero que flotaba como un fantasma durante los talleres, esto se expresaba de diversas formas como no querer trabajar en grupo por parte de estas integrantes, permanentes gestos de desaprobación hacia otros integrantes los que fueron percibiendo la situación, creándose un clima no muy cómodo; esto no dicho, irrumpe estrepitosamente y el grupo ante esto reacciona, para mi sorpresa (yo quería que me tragara la tierra), de una forma inesperadamente positiva. La gran ansiedad reinante tras el planteo, fue contrarrestada por diversas intervenciones que hablaban de “escucharse”, de “la comunicación”, del significado que para cada uno tenía el estar allí, de las experiencias propias de cada uno en ámbitos similares; lo que fue bajando la ansiedad permitiendo la continuidad normal del taller. Igualmente estas dos integrantes dejaron de concurrir en los siguientes talleres. Este quizás, fue el precio que cobró este primer momento que marca Bauleo, que por cierto `caló´ como herida narcicista en los coordinadores. En este primer momento, dice Bauleo, no existe el `grupo´ aún sino que los integrantes participan desde su propia perspectiva individual. Además, señala que: “...cada integrante, si se acerca a dialogar sobre el tema, lo va a hacer a nivel de sus experiencias anteriores haciendo caso omiso al presente (aquí me explico porqué tras tanto repetir una y otra vez consignas, encuadres, señalamientos diversos creíamos no ser escuchados, subyacendo reiteradamente el tema de la comunicación y el escucharse planteado no por nosotros sino por los integrantes del grupo), refiriendo relatos que parecen `en el aire, y los otros actuarán sólo como escuchas, o discutiéndole lo expresado pero como situaciones bipersonales” .En este sentido, esto último lo pude comprobar, las discusiones parecían producirse `de tú a tú´, discutíamos equis tema y hablaba con un integrante y al intercambiar palabras con otro parecía haber entendido algo diferente a lo manejado anteriormente. Aquí desde la coordinación, había que agudizar la escucha y no caer presa del malentendido y la distorsión de la comunicación intentando clarificar permanentemente y encuadrar una y otra vez la situación, sino corríamos el riesgo de que la distorsión de la comunicación fuera mayor aún. Continúa Bauleo en referencia a este momento del grupo: “Los roles tienen una significación `prestada´, algunos son integrantes, otro es coordinador, otro observador, porque así se dispuso, sin que se hubiera integrado el funcionamiento de estos roles dentro de la estructura, es decir, sin estar explicitado por la intervención, el aporte de cada rol a la constitución de ese todo. Así es como este momento tiene las características de la indiferenciación, por lo tanto, los elementos básicos de todo grupo, interacción, conciencia de interacción y finalidad, aparecen no visualizables, o mejor dicho, sin una forma determinada. Lo que caracteriza en esta situación al grupo es una incoherencia organizativa frente a la tarea”. Este primer momento del taller entonces, tuvo estas características, y la dirección que tomó nuestra estrategia de trabajo desde la coordinación fue trabajar en la integración grupal, incentivar el trabajo subgrupal, promover dinámicas de reflexión que permitieran el intercambio de opiniones y afinar cada vez más la comunicación entre los integrantes del grupo. A través de este trabajo y del intento continuo de lograr que el grupo se fuera conformando como tal, adquiriendo conciencia de la tarea a desplegar, acercando esa imagen y expectativa inicial e imaginaria de lo que sería el taller hacia una realidad que obrara como propicia para apropiarse de ella y tomarla como instrumento para transformar la propia realidad de los integrantes componentes del grupo. En dirección pues, hacia el segundo momento que Bauleo denomina de “discriminación” . “...es el de diferenciación, es el del esclarecimiento básico de dos roles: coordinador e integrante; comienza a despuntar la tarea manifiesta y la tarea latente, es decir, cuando aparece el esclarecimiento sobre la tarea se muestran sus caracteres explícitos (lo enunciado como `para qué´de la reunión), y sus facetas implícitas (otro tipo de expectativas). El movimiento de lo implícito a lo explícito, implica un tiempo en el cual su marcación sucesiva, a través de señalamientos, permite dicho pasaje. Mientras que en el momento anterior lo que prima es una ansiedad confusional, es recién en este segundo momento (o de discriminación) donde son visualizables los miedos al cambio (miedo al ataque y pérdida). También aquí lo que observamos es el instalarse de la resistencia al cambio, círculo vicioso armado sobre los miedos y en base a comportamientos arcaicos”. Además de lo ya expuesto más arriba, como muestras de resistencia, podemos agregar la ocurrencia de `faltazos masivos´ en el correr de dos a tres talleres justamente coincidiendo con este segundo momento de esclarecimiento de la tarea. También vimos emerger la resistencia al manifestarse pensamientos y expresiones en forma de opiniones que parecían haber sido superadas en otro momento en que fue tratada cierta temática como: “los coordinadores no opinan”; o. “queremos más técnicas”; o, “no mejoré la memoria”. Sin embargo, esto lo visualizamos en ciertos emergentes que fueron expresión del retroceso a momentos anteriores del grupo los que sin embargo, se encontraban en otro nivel ya que si bien hay un interjuego entre estos momentos (no es lineal como lo marca Bauleo), igualmente el grupo transitaba otro escalón en este proceso. Al ocurrir estas expresiones de la resistencia señalamiento de la coordinación mediante, u otras veces también desde otros integrantes del grupo se encargaban de restaurar la situación. (igualmente esto es propio del tercer momento). Se nota además en el relacionamiento entre los integrantes un sentido de pertenencia grupal, manifestaciones de sentirse a gusto en el grupo lo que se fue acentuando en mayor medida hacia el final del proceso. En este sentido Bauleo menciona que “es recién en este período que se observa la posibilidad de elementos como pertenencia al grupo y pertinencia a la tarea, ya que están enunciados los elementos básicos (roles y tarea). A esta altura la emergencia de determinados liderazgos tiene coherencia con el abordaje del tema y la estructura del grupo”. Los liderazgos, si bien rotaron, en este punto del proceso se centralizó en aquellos que tuvieron mayor asistencia y participación activa en el taller y sus intervenciones fueron valiosas para realizar señalamientos y contribuciones diversas que aportaron a la tarea clarificadora que favoreció el aprendizaje grupal. Igualmente no escaparon a ser, más de una vez, viva expresión de la resistencia, lo que obligaba a estar atento a la coordinación del grupo para señalar ese momento e intervenir. Las condicionantes estaban para pasar al tercer y último momento, llamado también por Bauleo de “síntesis”. Al respecto señala que “... se daría cuando el grupo, en pleno funcionamiento, comienza un ordenamiento de los diversos subtemas, que forman parte del tema; empieza a hacer experiencias integradoras al lograr unidades de síntesis. Este estadío es lo que se ha denominado como momento de productividad, de insight, o de depresión, según la visión técnica”. Esto que ya detallamos más arriba de cómo se fue dando en el grupo, ocurre hacia el final del proceso y podemos transcribir lo que fueron muestras del mismo en palabras de los miembros del grupo. Para empezar expresiones referentes a la historia de cada una en relación al ahora, a la tarea desempeñada en el taller - grupo, lo que se relaciona con lo que Bauleo denomina la “verticalidad” y “horizontalidad”. Un ejemplo: “Me siento menos enérgica (se cuestiona su actividad laboral), en una burbuja que si la pinchás no hay nada, uno se cuestiona y salen otras cosas”. “Renovás” (acota otra integrante). Esto tras uno de los últimos talleres en el que habíamos realizado una dinámica con el cuerpo, lo que dicho sea de paso, en otro momento del grupo hubiera sido imposible llevar a cabo, debido al sentido de pertinencia a la tarea (grado de compromiso), y pertenencia grupal que se requería para esto conllevando un buen vínculo y confianza entre los miembros del grupo para exponerse de esa forma. En este punto Bauleo expresa que en este tercer momento “...el grupo ya experimentó la conjunción entre la verticalidad y la horizontalidad; elementos que le permiten no sólo una integración actual sino también una perspectiva histórica, el renovamiento de viejos esquemas o expectativas, su aplicación actual, y de ahí las modificaciones necesarias. La verticalidad permite ver a cada integrante el ajuste de su historicidad al presente, su movimiento actual y su participación en el grupo. Lo horizontal le permite al grupo ir concientizando su interaccionar, su estructuración y el desarrollo del tema. El alcanzar este estadío es sólo un momento, que luego se va a alternar o suceder con los otros momentos. Pero después de alcanzado este tercer estadío, la aparición de los momentos anteriores se hace en un nuevo nivel, ya que esas situaciones son comprendidas por el grupo como fases o partes y no como un todo, como se creyó cuando se dieron en el empezar del grupo”. Para finalizar este capítulo, desplegaré lo que fueron las manifestaciones de los integrantes del grupo en el final del proceso grupal, como muestra de esto último que se señala por parte de Bauleo. Además de estas expresiones verbales pude ver los cambios acaecidos en los integrantes en cuanto a su presentación personal (vestimenta, actitud), mayor grado de reforzamiento narcicístico, buena integración grupal y capacidad de comunicación entre los integrantes, mayor apertura y plasticidad en opiniones y actitudes así como concientización en cuanto a replantearse cuestiones propias de cada uno y del entorno así como proyectarse a futuro. Aquí las expresiones efectuadas en el último taller: - “Me dí cuenta que no hay recetas para vivir ni para la memoria” - “No me permitía errores, el intercambio me permitió minimizar los problemas, aflojarse un poco”. - “Influyó para que estuviera menos desmemoriada focalizar la atención” - “Menos ansiedad para hacer las cosas de a poco, me siento mejor, hay que poner el freno”. - “Decir no, la culpa, la educación cristiana que te atraviesa hasta los tuétanos”. - “Tenía muchos prejuicios antes de venir, ahora quiero hacer terapia”. - “Importante cómo te ve el otro”. - “Saber escuchar, todos tienen problemas, la perfección no existe. Es difícil no hacerle mal a nadie. La civilización cristiana te obliga a tender a la perfección.”. - “Me sirve para quererme un poco más y sentirme mejor”. Análisis del Dispositivo de Intervención El servicio de Psicología de la Vejez (SPV), se enmarca dentro de lo que son los servicios que ofrece la Facultad de Psicología, en lo que respecta a uno de los fines más importantes que se plantea la Universidad de la República como lo es la extensión. Estos servicios funcionan también como pasantías curriculares para estudiantes avanzados de pre - grado. El SPV cuenta con el Programa Psicosocial de Prevención de los Trastornos de Memoria, del cual voy a reflexionar sobre el dispositivo ya que fue el que transité en mi proceso de intervención y aprendizaje y por tanto del que puedo dar cuenta. También cuenta con el programa de Trastornos cognitivos, el de Psicoterapia y el de Intervención en Grupos. Además se desarrollan distintas investigaciones en el marco del SPV. No me voy a referir específicamente a lo que es el dispositivo pensado hacia lo que es la enseñanza sino concretamente el planificado para la intervención clínica del Programa Psicosocial de Prevención de los Trastornos de Memoria (PPPTM). En primer lugar el SPV entraría en el marco de lo que es el sistema de salud uruguayo en el sentido que ofrece servicios fundamentalmente de atención primaria en salud (prevención y promoción), aunque en los casos de trastornos cognitivos podríamos estar hablando del segundo y tercer nivel. El PPPTM, cumple con la función de prevención y promoción de salud por lo que está en el primer nivel de atención. Las personas que consultan y se inscriben en el PPPTM, pagan un arancel y en los casos que no hay posibilidades de costearlo igualmente puede acceder al mismo. El PPPTM consta de tres fases diferenciadas. La primera en la que los consultantes son entrevistados por los pasantes (estudiantes de 4º. Y 5º.) y se les aplica un protocolo que indaga su funcionamiento cognitivo y emocional. De no constatarse alteraciones significativas los denominados pacientes pasan a integrar un grupo en la modalidad de taller (talleres de estimulación de la memoria), coordinado por dos pasantes y agrupado en base al nivel educativo de las personas. De constatarse alteraciones significativas en lo cognitivo o afectivo se derivan a otros programas del SPV como el de Trastornos cognitivos y Psicoterapia. Estos talleres son semanales y se prolongan aproximadamente por cuatro meses. Al final, se procede a un retest mediante entrevistas individuales con el fin de indagar una mejoría o no de la persona que transitó por todo este proceso. Los pasantes del PPPTM cuentan con la apoyatura de las supervisiones que se realizan en forma grupal con dos docentes grado 1 uno, con un seminario teórico semestral y un plenario del SPV semestral. Pienso en la noción de dispositivo desde las conceptualizaciones de Gilles Deleuze, el que continúa la linea de pensamiento de Foucault. “¿Qué es un dispositivo? En primer lugar, es una especie de ovillo o madeja, un conjunto multilineal. Está compuesto de lineas de diferente naturaleza y esas lineas del dispositivo no abarcan ni rodean sistemas cada uno de los cuales serían homogéneo por su cuenta (el objeto, el sujeto, el lenguaje), sino que siguen direcciones diferentes, forman procesos siempre en desequilibrio y esas lineas tanto se acercan unas a otras como se alejan unas de otras. Cada linea está quebrada y sometida a variaciones de dirección (bifurcada, ahorquillada), sometida a derivaciones. Los objetos visibles, las enunciaciones formulables, las fuerzas en ejercicio, los sujetos en posición son como vectores o tensores”. “Los dispositivos son como las máquinas de Raymond Roussel, según las analiza Foucault; son máquinas para hacer ver y para hacer hablar. La visibilidad no se refiere a una luz en general que iluminara objetos preexistentes; está hecha de líneas de luz que forman figuras variables e inseparables de este o aquel dispositivo. Cada dispositivo tiene su régimen de luz ...” En este sentido voy a intentar dar luz sobre esta `máquina´ que implica el dispositivo de intervención clínico que implementa el PPPTM. Este tiene lineas de visibilidad que podremos enunciar a través de tratar ciertos puntos concretos. Aquí hay varias dimensiones a tratar pero la complejidad que implica un tratamiento más profundo excede los objetivos del presente trabajo. Todo dispositivo pues, implica varias dimensiones y lineas de fuerzas que a través de sus formas de enunciabilidad y construcción de supuestos o puntos de apoyo se permite desarrollarse. Entre estas dimensiones están el poder y el saber. Relaciones que se dan a todo nivel: entre pacientes y psicólogos o futuros psicólogos, entre docentes y estudiantes. Por esto es importante abrir luz sobre estas dimensiones y relaciones que circulan y operan en toda institución y organización que implementa determinado dispositivo para su funcionamiento, ya que esto genera a su vez una subjetividad. “...una linea de subjetivación es un proceso, es la producción de subjetividad en un dispositivo: una linea de subjetivación debe hacerse en la medida en que el dispositivo lo deje o lo haga posible. Es hasta una linea de fuga. Escapa a las lineas anteriores, se escapa. El sí mismo no es ni un saber ni un poder. Es un proceso de individuación que tiene que ver con grupos o personas y que se sustrae a las relaciones de fuerzas establecidas como saberes constituidos: es una especie de plusvalía.” Desde esta subjetividad, de este plus que se genera en un dispositivo es que haré ciertas apreciaciones y críticas al mismo, lo que pienso, le permite la flexibilización, la retroalimentación y el fortalecimiento. A través del análisis de los componentes del dispositivo, “de sus lineas de visibilidad, de enunciación, lineas de fuerzas, lineas de subjetivación, lineas de fisura, de fractura que se entrecruzan y se mezclan mientras unas suscitan otras a través de variaciones o hasta de mutaciones de disposición”. La crítica pues fortalece el dispositivo ya que al decir de Deleuze: “Todo dispositivo se define pues por su tenor de novedad y creatividad, el cual marca al mismo tiempo su capacidad de transformarse o de fisurarse y en provecho de un dispositivo del futuro”. En primer lugar, voy a referirme a lo que es el protocolo que usamos como base para la evaluación cognitiva y afectiva del consultante. Pienso que desde esas entrevistas con este dispositivo, se intenta tener una visión global del funcionamiento cognitivo y afectivo de la persona así como también su red vincular. Creo que es positivo este abordaje integrador que conjunta elementos teóricos de la psicología cognitiva a través de las distintas baterías de tests (Dígitos,Minimental, etc.) y técnicas como el Machover que indagan lo afectivo, con una mirada psicoanalítica. Lo vincular a través de la entrevista y el mapa de red. Todo esto se complementa con una visión clínica que se despliega en la entrevista. Como elementos a tener en cuenta en esta instancia en la que se debe arribar a un diagnóstico de la situación del paciente, me parece importante señalar el factor tiempo. Durante estas instancias de entrevistas hay demasiadas exigencias de terminar cuanto antes debido a que los talleres deben comenzar en una fecha pre establecida. Esto puede entorpecer la lectura que el pasante pueda tener del desempeño del denominado paciente. El “apuro” por cumplir con requisitos institucionales puede jugar en contra de una intervención acorde. El protocolo, que integra paradigmas, el positivista a través de técnicas estandarizadas y que cumplen con requisitos en este sentido así como las técnicas como el Machover, bajo el “imperio” de la lectura psicoanalítica y por tanto edípica, también son preferentemente relativizadas por la necesaria mirada clínica del entrevistador así como con la agudeza que requiere en cuanto a la atención de los elementos propios de la subjetividad que se producen. El alma de este dispositivo, pienso que toma en cuenta todos estos elementos, el tema es que en la prática efectivamente pueda cumplirse con todo ello. Para esto están las instancias de supervisión en cuanto a atender las dudas y problemáticas que surgen de la intervención. En este sentido, pienso que esta instancia, al ser grupal, requiere por parte de los docentes una adecuada preparación, no sólo técnica en el sentido idóneo, sino también en lo que respecta al manejo de un proceso grupal. Es decir, el manejo de la técnica y de los problemáticas que pueden ser planteadas por los pasantes deben ser contextuadas en una lectura grupal, con todos los fenómenos que se producen en un grupo. En este punto, pienso que de no cumplirse estas características, es posible que la instancia pierda efectividad al producirse malentendidos grupales y distorsiones en la comunicación. Por esto, quizás sea más pertinente para estas supervisiones instancias individuales. Los seminarios y plenarios me parecen sumamente importantes ya que complementan y refrescan los contenidos teóricos que luego serán muy útiles en los talleres de memoria. Es importante su permanente interrelación con la supervisión. Además creo importante que haya mayor tratamiento de lo que ocurre en los talleres en la instancia de seminarios y plenarios. Es decir del tratamiento del material clínico en estas instancias. En cuanto a los talleres, si bien es importante una guía, en cuanto a un plan a seguir, en lo que tiene que ver con “técnicas para estimular la memoria”, me parece importante no caer en la estereotipia de aplicar por aplicar técnicas. Por lo que no veo el motivo de en todos los talleres tener que hacer sí o sí las tareas de memoria prospectiva, por ejemplo. Se debe librar, sin perder los objetivos, a la creatividad y que el grupo, configure el campo y las formas que se cree para llevar adelante lo que le preocupa, sin perder de vista, repito, el objetivo y la tarea principal. En este sentido pude vislumbrar cierta disociación entre lo que es aplicar técnicas con una base teórica cognitiva y técnicas o dinámicas que apuntaban más hacia lo reflexivo y lo psicodramático, con sustento teórico desde lo psico – social / socio – político y lo psicoanalítico respectivamente. Claro que el objetivo es integrar los paradigmas, sin embargo, no puedo pasar por alto esta sensación señalada ya que, pienso que con la debida corroboración de la experiencia clínica, se debe apuntar a dilucidar su validez y resultados. En este sentido, los retest, otorgaron resultados diversos (en cuanto a mejoría o no), los que en general se basan en las pruebas con sustento teórico cognitivista. Sin embargo, el proceso grupal del taller, en su evaluación subjetiva final, brindó resultados positivos en cuanto al desempeño de las personas denominadas pacientes. Por supuesto que este dispositivo, se enmarca en una sociedad que en lo que tiene que ver con la salud y su sistema, se encuentra bajo el dominio hegemónico de un modelo (del que ya hablamos más arriba) distinto al propuesto aquí lo que sin dudas, influye. Otro elemento a señalar, es que me parece importante, que los estudiantes que realizan la pasantía deben estar debidamente preparados para efectuar dicho proceso. No creo que solamente el hecho de estar en quinto ciclo y menos aún en cuarto acredite de por sí para el buen cumplimiento de dicha tarea. Pienso que se debe indagar con anterioridad las capacidades de los pasantes, así como las materias que efectivamente se han aprobado que certifique de alguna manera que la tarea que este dispositivo se plantea pueda implementarse adecuadamente. En este punto, creo haber percibido una brecha importante entre las exigencias que el actual dispositivo del SPV plantea con respecto al nivel cualitativo que presentamos los estudiantes. Con el fin de complementar esta mirada crítica, me dispongo en el siguiente y último capítulo desarrollar un análisis de la implicación. Análisis de la Implicación Tomo a Lourau para este análisis de la implicación. En primer lugar, voy a desarrollar lo que fue la implicación institucional, que este autor define como: “ ... el conjunto de relaciones concientes o no que existen entre el actor y el sistema institucional”. Aquí, lo que parece un amplio margen de interrelación entre quien escribe, pasante del SPV y estudiante de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República y la institución que éstas últimas representan las discriminamos en lo que Lourau llama “segmentariedad” y “transversalidad”. Éstas, “actúan en el sentido de especificar y modificar las implicaciones de cada uno de ellos, mientras que la ideología procura uniformarlos” La segmentariedad es la unidad positiva, lo que funciona como la ideología de quienes integramos o formamos parte de la institución y la negatividad corresponde a la particularidad de los integrantes de un grupo que forma parte de la institución. Estos elementos que componen la segmentariedad serían por un lado el ser estudiantes, futuros psicólogos y profesionales de la salud; por ejemplo (unidad positiva). Por otro lado la historia personal de cada uno, su personalidad, intereses propios, etc., conforman la unidad negativa de un agrupamiento que integra una institución. La transversalidad implica la acción instituyente de un agrupamiento. Por tanto, esta cualidad concierne a tener mayor conciencia o no de las implicancias que atraviesan el formar parte de una institución, a ser sujeto u objeto de la propia acción. Un análisis del proceso propio durante esta pasantía conlleva este pasaje de conciencia crítica. La “implicación práctica”, según Lourau, “indica las relaciones reales que este (el actor) mantiene con la base material de las instituciones” En este punto tenemos la materialidad que implica el contacto práctico de quien escribe con la institución formando parte, además de un agrupamiento (grupo de estudiantes, grupo del PPPTM, grupo del seminario del SPV, del plenario, etc); el concurrir a un edificio determinado de la facultad, acceder a ciertos espacios, no acceder a otros, tomar contacto con los pacientes desde un lugar, en entrevistas, talleres, llamadas por teléfono, etc. Pero estos dos niveles (institucional y práctico) abarcan a su vez varios puntos: - la implicación llamada por Lourau “sintagmática”: “es la implicación inmediata que caracteriza la práctica de los grupos, la articulación de los datos disponibles para la acción (Lefebvre).” Son las relaciones interpersonales, el momento de la particularidad, de la instancia negativa de la institución. Es decir, lo que tiene que ver con lo que cada uno aporta en este interaccionar con otros integrantes y lo que hace distinta a la institución, lo que hace a sus particularidades. Desde mi experiencia, me sentí en un grupo en el que mayoritariamente habían personas de generaciones posteriores a la mía (estudiantes), con cierta experiencia personal de vida que me encontraba decidido plenamente a culminar y ejercer lo antes posible la profesión de psicólogo, lo que conllevaba la implicancia con las formalidades curriculares. Con un interés en la temática de la vejez que pasaba por un complemento de la formación profesional en un área poco transitada. Con experiencia clínica variada debido a la cantidad de pacientes que atendí y en la instancia individual y lo que tenía que ver con coordinar un grupo que fue una experiencia muy rica e inédita en lo personal; que generó ansiedades previas y aprendizajes posteriores beneficiosos. En este sentido la “implicación paradigmática”, marcó subjetividades. Es la implicación que refiere a la “explotación reflexiva de lo adquirido” . Es decir, cómo actuamos y nos desenvolvimos durante la pasantía influido por nuestra formación, por nuestro ser futuros psicólogos, por ser jóvenes, uruguayos, etc. Esto de ser jóvenes, cómo jugaba en un servicio que atiende viejos, las connotaciones que esto implicaba. Cómo estas visiones y creencias que se formulan desde una posición de joven, psicólogo se plasman en los talleres por ejemplo en un contexto con visiones de viejos y cómo éstos pautaron su “negatividad” en el sentido de sus particularidades y singularidades profesionales y de vida. También la “implicación simbólica” , como el sistema de parentesco simbólico, aquí podemos marcar varias implicancias: - Pasantes del SPV – Estudiantes - Ñietos - - - Pacientes – Viejos – Abuelos. - Pasantes – Estudiantes – Hijos - - - Docentes – Padres - Pasantes – Estudiantes - - - Hermanos - Pasantes – Estudiantes – PPPTM - - - Pasantes – Estudiantes de otros programas del SPV = Primos. Por otro lado tenemos la “transferencia institucional” , que tiene que ver con las condiciones prácticas de la intervención del / los analistas que deben ser especificadas teniendo en cuenta el puesto de trabajo del analista en la estructura de la institución definida por su organización y por el desordenamiento que la situación analítica introduce en esa organización. Aquí hay que aclarar, por un lado el lugar del analista en la institución configurada como estudiante – pasante que interviene como entrevistador y co - coordinador de un grupo en un dispositivo pre establecido en una organización que sería el SPV. La acción del pasante, más allá del dispositivo, por su propia negatividad, o particularidad, escapa a éste dispositivo y produce cierto desordenamiento en la organización. Esto lo veo como parte misma del proceso de aprendizaje y desde lo que uno humildemente puede aportar “saliéndose del libreto”. En este punto percibí más apertura a escuchar críticas y aportes que resistencias, las que igualmente afloraron naturalmente, ya que todo intento de cambio siempre levantará resistencias. Me refiero no solamente con respecto a la organización SPV sino también en referencia a la práctica misma en las entrevistas individuales y los talleres de memoria. Otra parte importante de este análisis tiene que ver con la “contratransferencia institucional del analista ”, en este punto relacionado con lo que veníamos expresando, la propia acción del pasante – analista va a generar una “provocación institucional” . Es decir, su acción no va a ser igual ni serial con respecto a otras intervenciones en el mismo dispositivo del SPV, sino que sus desviaciones o particularidades (negatividad), tenderá a realizar un desplazamiento de lo instituido en base a su acción instituyente. En este sentido intentamos aportar creatividad en los talleres grupales de PPPTM, tratando de no anteponer sistemáticamente un “dispositivo – máquina” que capture los flujos que pudieran enriquecer el campo; en la medida de lo posible esto lo realicé y también en las entrevistas individuales. Claro que en vistas de la escasa experiencia clínica esto fue una intención que se habrá plasmado mínimamente en la práctica, pero tuvo esta intencionalidad. Este concepto de lo negativo es un analizador importante para el análisis organizacional así como también las condiciones contractuales del analista – pasante que interviene, el factor dinero, que en este caso no jugaba ya que no se recibía remuneración. Pero esto, ¿no jugaba?, debo reconocer que más de una vez se me pasó por la cabeza este tema y aquí juega lo ético. La responsabilidad y la lógica de que en la extensión se retribuye a la sociedad aquella formación que ésta nos ha brindado. Además del proceso de aprendizaje que implica una “ganancia” no económica pero sí académica. También las condiciones contractuales son las que se fijan como requisitos para la aprobación de la pasantía. En este punto, creo que por un lado está bien que se exija y por otro sentí, en ocasiones demasiada responsabilidad y exigencia. Tal vez esto influido por la gran carga horaria que implicaba cursar todo quinto ciclo más el SPV. El análisis permanente de la demanda, fue un analizador muy importante para implementar la tarea de los talleres fundamentalmente, los pedidos explícitos y la demanda implícita nos direccionaban en la planificación de los objetivos de nuestra intervención. También esto jugó para el esclarecimiento de mi propia demanda implícita como estudiante hacia lo que pretendía para mi formación y lo que me producía las novedades que surgían en la permanente construcción de la demanda. Porque si bien la intervención se enmarcaba en el SPV, con un dispositivo, existía un pedido de los denominados pacientes, a su vez, un pedido de nosotros los estudiantes y también de quienes nos exigían un desempeño en la pasantía. Entre estos distintos niveles, se fue construyendo una demanda con un análisis permanente que desembocó en una intervención que, pienso fue positiva desde todo punto de vista: para los consultantes, para el SPV y los estudiantes (entre estos quien escribe). Espero sepa comprenderse esto que pretendió ser un análisis de la implicación desde lo que Lourau denomina un socio – análisis institucional con alguna extrapolación que me permití desde lo grupal a lo individual personal que espero no oscurezca conceptualmente el panorama.-

Fin.

Bibliografía

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A partir de la Metafora

Sumario:

1. Introducción 2. Quién fue Jacques Lacan 3. El motor de la vida 4. Metáfora y Significante 5. La Metáfora y el Complejo de Edipo 6. Metáfora y Perversión 7. Metáfora: Neurosis y Psicosis 8. Bibliografía

1.Introducción

El objetivo de este trabajo es intentar aproximarme a la vasta teoría lacaniana a partir de un aspecto concreto que él desarrolla en su teoría y que consideramos importante para comprender la conformación del psiquismo humano. El tema que abordaré desde distintos enfoques es la Metáfora. La Metáfora como productora de estructuras psíquicas. Cómo a partir del tránsito por la Metáfora paterna se estructura el psiquismo y se establecerán determinadas relaciones de objeto. Desde esta metáfora paterna, habrá un corte, una simbolización que permitirá al sujeto elaborar y constituir su estructura psíquica y por lo tanto su relación con el mundo. Habrá variantes en este recorrido por esta instancia y esto abrirá el espectro de estructuras en las que el sujeto se acomodará en el mundo y desplegará su forma de estar en el universo que lo rodea. Trataré entonces de abordar esta temática desde distintos puntos, con la apoyatura teórica que los seminarios y escritos de Lacan proporcionan. 2. Quién fue Jacques Lacan? Jacques Lacan nació en París el 13 de abril de 1901. Realizó estudios de especialización en psiquiatría entre 1927 y 1931. En el año 1934 se integró como miembro adherente a la Sociedad Psicoanalítica de París (SSP), y en 1938 fue nombrado titular. En 1953 presentó su dimisión y se unió con Daniel Lagache para fundar la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, que duró diez años. Su primera publicación apareció cuando tenía 66 años y señala además, el inicio de su enseñanza a través de sus seminarios públicos. En éstos, contribuyó a restituir la significación hasta entonces relegada del legado de Freud, al mismo tiempo que completó el edificio teórico freudiano utilizando los aportes de la lingüística, la antropología estructural, la filosofía, la lógica, la literatura y el arte. Cuestionó profundamente el desarrollo de la disciplina posterior a Freud. Sus críticas le valieron la expulsión de la Asociación Internacional de Psicoanálisis en 1963. En 1964 creó la Escuela Freudiana de París. Murió en su ciudad natal el 9 de septiembre de 1981. 3. El Motor de la Vida Antes de abordar el tema de la Metáfora específicamente, quiero preparar el terreno, tocando nociones tales como el de La falta del objeto y su participación en las relaciones de objeto, también abordar el concepto de Significante, las dimensiones de lo imaginario – simbólico – real y su contacto con la evolución en el complejo de Edipo y con la metáfora. Así también las relaciones entre el complejo de Edipo y la metáfora; además la castración y la libido. Todo enmarcado como antesala y como parte importante de lo que refiere al tema central de este trabajo, la metáfora. ¿Qué es lo que nos mueve a los humanos?, ¿qué instancia determina las relaciones de objeto?, ¿qué estructura, o mejor dicho, preestructura hay antes que sobrevenga la metáfora paterna? Es el deseo que nos mueve, en tanto que simbólico?, y antes de esto?, la libido podrán contestar muchos, la pulsión. Y esto qué implica? Trataré de abordar esta problemática en las líneas que siguen. Al pensar en el motor de la vida, en qué fuerza nos mueve a los seres humanos, nos viene a la mente, para los que venimos con la concepción freudiana, la pulsión, la libido, y Lacan, que retoma a Freud y trata de ir más allá, a la vez que reivindicar la palabra de Freud y tratar de aclarar las malas interpretaciones de su obra; toma el concepto de la Falta y la forma en que aparece en primer lugar la relación de objeto en Freud. Es decir, para tratar de encontrar pistas acerca del motor de la vida, es necesario referirse a la relación de objeto, la búsqueda del otro, base original del deseo. Para introducirnos en este tema Lacan nos comunica en una de sus clases: “Freud insiste en que para el hombre, no hay ninguna otra forma de encontrar el objeto sino la continuación de una tendencia en la que se trata de un objeto perdido, un objeto que hay que volver a encontrar”. Y más abajo continúa, “Este objeto que corresponde a un estadio avanzado de la maduración de los instintos es un objeto recobrado del primer destete, el objeto que de entrada fue el punto al cual se adhirieron las primeras satisfacciones del niño”. “Está claro que por el sólo hecho de esta repetición se instaura una discordancia. El sujeto está unido con el objeto perdido por una nostalgia, y a través de ella se ejerce todo el esfuerzo de su búsqueda. Dicha nostalgia marca al reencuentro con el signo de una repetición imposible, precisamente porque no es el mismo objeto, no puede serlo. La primacía de esta dialéctica introduce en el centro de la relación sujeto – objeto una profunda tensión, de tal forma que lo que se busca no se busca al mismo título que lo que se encontrará. El nuevo objeto se busca a través de la búsqueda de una satisfacción pasada, en los dos sentidos del término y es encontrado y atrapado en un lugar distinto de donde se lo buscaba. Hay ahí una profunda distancia introducida por el elemento esencialmente conflictivo que supone toda búsqueda del objeto.” Tenemos aquí, en estas líneas, la evocación a Freud por parte de Lacan, que introduce este tema de la búsqueda del sujeto de su objeto perdido, objeto que fue ámbito de sus primeras satisfacciones y que marcaron a ese niño para buscar constantemente su satisfacción en él. Hay aquí, puntos de contacto con Melanie Klein, que habla del sujeto que busca satisfacer la fuente de sus deseos o necesidades en ese pecho – madre y de las ansiedades que emergen tras el recorrido particular que tendrá ese vínculo primario. El objeto alucinado por el que el sujeto intenta suplir la falta del objeto es otro punto de contacto con la teoría kleiniana y abre el espectro de posibilidades para explicar esa distancia y ese conflicto que se produce por ese objeto anhelado y además sería el arranque para poder abarcar una aproximación a la temática del deseo, de la libido. En este punto, podemos partir del principio de placer y principio de realidad, como continentes de lo que será el conflicto del sujeto con su mundo. De esta dialéctica subyacente a la relación del sujeto con el objeto de su deseo que determina estos principios: el de realidad y el de placer, que serán parte importante de este motor de la vida, o compositor de la estructura psíquica del sujeto, Lacan nos detalla: “ El principio de realidad está constituido tan sólo por lo que al principio del placer se le impone para su satisfacción, no es más que una prolongación suya, y a la inversa implica, en su dinámica y en su búsqueda fundamental, la tensión fundamental del principio del placer. De todos modos, entre ambos, y esto es lo esencial que aporta la teoría freudiana, hay una hiancia que no cabría distinguir si uno fuera sólo la prolongación del otro. En efecto, el principio del placer tiende a realizarse en formaciones profundamente antirealistas, mientras que el principio de realidad implica la existencia de una organización o de una estructuración diferente y autónoma, la cual supone que lo que aprende puede ser precisamente y fundamentalmente distinto de lo que se desea. .... la satisfacción del principio del placer, siempre latente, subyacente en todo ejercicio de la creación del mundo, tiende siempre en mayor o menor grado a realizarse bajo una forma más o menos alucinada. La organización subyacente al yo, la de la tendencia del sujeto propiamente dicho, siempre cuenta con la posibilidad fundamental de satisfacerse con una realización irreal, alucinatoria...” Tenemos entonces que en estas primeras relaciones de objeto, hay en primer lugar, una búsqueda del objeto perdido. Este objeto, por un lado, fuente de todas las satisfacciones primarias, es alucinado en el afán de reencontrarlo, esto en referencia a lo que Freud llama el sistema primario del placer. Por otro lado, está la noción de objeto ligado al plano real, se trata de reencontrar lo real. Otro plano en el que nos topamos con el objeto es en lo concerniente a lo imaginario, la reciprocidad imaginaria. Es decir, en la relación sujeto – objeto el lugar del término en relación es ocupado simultáneamente por el sujeto. La identificación con el objeto está implicada de por sí en toda relación con él. Desde aquí, comenzamos a transitar por las relaciones sujeto – objeto desde los distintos planos de lo imaginario, lo simbólico y lo real, que a su vez serán el enclave desde donde poder pensar en la evolución del complejo de Edipo y su relación con la metáfora paterna. Entonces, podríamos pensar, según constatamos en la afirmaciones del señor Lacan, que el propio motor de la vida, a grandes rasgos, implica, la noción de la falta del objeto, si entendemos como motor de la vida a la relación del sujeto con el mundo. 4. Metáfora y Significante Avancemos ahora hacia lo que implica el principio de realidad y el principio de placer y su relación con el sistema primario y el secundario, y a partir de esto, cómo entra a jugar su papel el significante. El sistema primario estaría gobernado por el principio de placer, por una tendencia a volver al reposo. A su vez, el sistema secundario respondería a las circunstancias reales o exteriores del sujeto. Lacan plantea que, más allá de la claridad de esta funcionalidad de cada sistema, en la práctica clínica cotidiana, se generan conflictos en torno a estos puntos. Es decir, que habrían contradicciones, o mejor dicho, el término que utiliza Lacan es paradoja, en cada uno de estos términos. En el caso del principio del placer, no sólo sería la tendencia al reposo sino también la apetencia al deseo, la erección del deseo. Lo mismo sucede en el principio de realidad, retorno al reposo y apetencia. A simple vista esto parecería parte de lo mismo, pero claro que debe haber una gran diferencia cualitativa entre estos dos sistemas, si bien sus tendencias son similares. Pero vayamos a cómo entra el significante aquí. Entra como vínculo entre estos dos sistemas y habilita el funcionamiento dialéctico de ambos, a través de los dos niveles de la palabra expresados en las funciones del significante y de significado. Lacan nos dice que nada se puede explicar en la práctica analítica sin admitir la posibilidad de perpetuos deslizamientos de significado bajo el significante y de significante sobre el significado. Y agrega, “... lo que es significante de algo puede convertirse en todo momento en significante de otra cosa, y todo lo que se presenta en la apetencia, la tendencia, la libido del sujeto, está siempre marcado por la impresión de un significante, lo cual no excluye que haya tal vez alguna otra cosa en la pulsión o en la apetencia, algo que de ningún modo está marcado por la impresión del significante. El significante se introduce en el movimiento natural, en el deseo o en la demanda, término al que recurre la lengua inglesa como expresión primitiva del apetito, calificándolo como exigencia, aunque el apetito no esté de por sí marcado por las leyes propias del significante. Así puede decirse que la apetencia se convierte en significado.” Luego nos plantea que la entrada del significante en el mundo es el Espíritu Santo y lo relaciona con el instinto de muerte que aportó Freud. Aquí tocamos el límite del significado, se trata de la existencia del significante, “... como una superficie eficaz del significante donde se refleja, de algún modo, lo que podemos llamar la última palabra del significado, es decir de la vida, de lo vivido, del flujo de la emociones, del flujo libidinal. Se trata de la muerte como soporte, base de la operación del Espíritu Santo que hace existir al significante.” Este significante, tiene un sentido antropológico para Lacan, ya que, dice, está instalado y estructurado hace muchos años en el hombre a través del lenguaje. Dice, “... desde que hay significantes en funcionamiento, los sujetos están organizados en su psiquismo por el propio juego de esos significantes”. Más nos agrega Lacan acerca del significante en cuanto a su relación con algo parecido a lo que Freud refería en cuanto a la repetición, a la reproducción de conductas y situaciones vividas en los primeros años de vida y que se ponían de manifiesto en la transferencia durante una sesión de análisis, por ejemplo. En este sentido dice, “... el sujeto se ve llevado a comportarse de una forma esencialmente significante, repitiendo de forma indefinida algo que le resulta mortal, hablando con propiedad.” Como otra característica del significante, señala que éste toma del significado, una serie de elementos muy ligados al significado y que es concretamente el cuerpo, y lo relaciona, además, con el falo, símbolo de la piedra erigida, es decir, el cuerpo erecto. Nos señala que “... la piedra erigida es uno de sus ejemplos, la noción del cuerpo humano, como cuerpo erecto es otro, así es como cierto número de elementos, vinculados todos ellos con la efigie corporal y no tan sólo con la experiencia vivida del cuerpo, constituyen elementos primeros, tomados de la experiencia, pero completamente transformados por el hecho de ser simbolizados. Simbolizados quiere decir que han sido introducidos en el lugar del significante propiamente dicho, caracterizado por el hecho de articularse con leyes lógicas ”. Esto último que señala, en cuanto a la simbolización, nos remite al vínculo con la metáfora. 5. La Metáfora y el Complejo de Edipo Introduciremos un concepto importante para acercarnos a la temática que abordaré a continuación. Este es el de la Castración, concepto fundamental para abordar el complejo de Edipo y la metáfora, que tienen múltiples relaciones entre sí. En otra de sus intervenciones, Lacan nos habla acerca de este punto: “... Freud introdujo la castración de forma totalmente coordinada con la noción de la ley primordial, lo que la prohibición del incesto y la estructura del Edipo tienen de ley fundamental. ... la castración sólo puede clasificarse en la categoría de la deuda simbólica. Deuda simbólica, daño imaginario y agujero o ausencia real, he aquí cómo podemos situar esos tres elementos que llamaremos los tres términos de referencia de la falta del objeto.” Para lo que en concreto nos sirve en este trabajo, a saber, lo que nos abre el camino para ingresar a la metáfora, podemos relacionar esto último que dice Lacan, con que esta castración requiere ser simbolizada. Y es aquí donde se van a dar las variantes en las distintas estructuras psíquicas que sobrevendrán, en este tiempo del Edipo donde la castración juega un papel primordial en el plano simbólico y en el que la metáfora paterna jugará un papel importante también. Pero vayamos paso a paso. Sigamos con la castración, ésta, es siempre de un objeto imaginario; así como el objeto de la frustración es un objeto real y la privación es siempre un objeto simbólico. Por lo tanto tenemos este esquema: - castración: plano imaginario - frustración: plano real - privación: plano simbólico Estas instancias, articuladas entre sí, operan en la tríada imaginaria de la madre, el niño y el falo, junto con otro “actor” que juega su papel también aquí que introduce Lacan, éste es el agente. En cuanto a éste último, Lacan subraya que “tratándose de la frustración, se impone la noción de que es la madre quien juega el papel de agente”; y luego realiza las siguientes preguntas en torno al origen de este agente y su relación con los tres planos, imaginario, simbólico y real: “... Este agente, ¿es simbólico, imaginario o real?; ... y ¿qué es el agente de la castración? Y ¿el agente de la privación? ¿No habría en verdad ninguna especie de existencia real? ...”. Hablábamos, más atrás, de la falta y de sus tres niveles, castración, frustración, privación y de la importancia que les da Lacan en cuanto a la necesidad de situarlos cada vez que se produce una crisis en el registro de la búsqueda del objeto. En la castración hay una falta fundamental que se sitúa, como deuda en la cadena simbólica. En la frustración, la falta sólo se entiende en el plano imaginario, como daño imaginario. En la privación, la falta está en lo real. Hasta aquí habíamos llegado, además de señalar que en el caso de la privación, decir que se ubica en lo real quiere decir que está fuera del sujeto y que por lo tanto para que el sujeto pueda acceder a la privación debe concebir lo real como algo distinto a lo que es, o sea, que lo pueda simbolizar. Lo simbólico está antes de “poder decir cosas sensatas”. Pero, ¿qué lleva al sujeto a simbolizar?, ¿cómo introduce la frustración el orden simbólico? Aquí se jugará el Edipo y la metáfora paterna, que nos pondrán en evidencia que no está el sujeto aislado ni independiente y que no será él el que introduzca el orden simbólico. En este punto, la castración juega un papel importante. Está vinculada con un orden simbólico instituido. El objeto que está en juego en la deuda simbólica instituida por la castración es un objeto situado en el plano imaginario, éste es, el falo. La frustración constituye el terreno preparatorio para el Edipo, su base y su fundamento, nos dice Lacan. Agrega que la frustración: “... modela la experiencia del sujeto y prepara ciertas inflexiones que decidirán la vertiente hacia la que el complejo habrá de inclinarse, de forma más o menos acentuada, en una dirección que podrá ser atípica o heterotípica ”. Así mismo, se desprende de sus palabras que la frustración introduce la cuestión de lo real. Se introduce en el desarrollo del sujeto nociones como la de satisfacción, gratificación, beneficios adecuados a las etapas del desarrollo del niño, cuya saturación o, por el contrario, su carencia se considera un elemento esencial. Son las condiciones reales que se constatan a través de la experiencia analítica en los antecedentes del sujeto. A modo de clarificar, veamos lo que resume en este párrafo Lacan, acerca de la frustración: “... la frustración se considera pues, como un conjunto de impresiones reales, vividas por el sujeto en un período del desarrollo en el que su relación con el objeto real se centra habitualmente en la imago del seno materno, calificada de primordial, en relación con la cual se formarán en él las que he llamado primeras vertientes y se inscribirán sus primeras fijaciones, aquellas que permitieron describir los tipos de los diferentes estadios instintuales. Así han podido articularse las relaciones del estadio anal con sus subdivisiones fálica, sádica, etc. y mostrar cómo están todas ellas marcadas por un elemento de ambivalencia que hace que la propia posición del sujeto sea dos, que participe siempre de una posición dual imprescindible para una asunción general de su posición. En suma nos encontramos ante la anatomía imaginaria del desarrollo del sujeto”. Centrémonos ahora en el complejo de Edipo. En la fase preedípica se trata de que el niño asuma el falo como significante. Esto implica que el niño haga del falo el instrumento del orden simbólico de los intercambios. El niño debe afrontar la función del padre, ésta es la clave del drama. No alcanza con que el niño o niña alcance la heterosexualidad tras el Edipo, sino que deberá situarse correctamente con respecto a la función del padre. En el caso de la niña, el Edipo se da de forma que de entrada, para ella, el objeto de amor es el padre, o sea, objeto del sentimiento dirigido al elemento de falta en el objeto, a través de esta falta es conducida hacia el objeto padre. El padre se convierte en el que brinda el objeto de satisfacción, “... el objeto de la relación natural del alumbramiento.”; después, el padre será sustituido por alguien que desempeñará el mismo papel, de padre, dándole un hijo. En el niño, el Edipo permite la identificación del sujeto con su propio sexo, que se lleva a cabo en la relación ideal, imaginaria, con el padre. El objetivo del Edipo aquí es la situación adecuada del sujeto con respecto a la función del padre, él accederá un día a esta función. Para esto, nos indica Lacan, el niño, para asumir el propio signo de la posición viril tiene como punto de partida la castración. Como el macho, detenta el pene como una pertenencia, ha de venirle de otro, en una relación con lo que es real en lo simbólico, del padre. En este juego con el padre, juego que Lacan denominó “gana el que pierde”, el niño podrá conquistar la vía por la cual se registra en él la primera inscripción de la ley. La función del padre entonces, concierne a la metáfora paterna. La función del padre es esencial, no hay Edipo sin esta metáfora paterna. El Edipo, girará en torno a tres puntos: el Edipo en relación al superyó, en relación a la realidad y por último, en relación al ideal del yo. Nos acota Lacan: “... el ideal del yo comportando en todas las ocasiones la genitalización en tanto ella es asumida, en tanto que deviene elemento del ideal del yo...”; “... la realidad, implica las relaciones del Edipo con las afecciones que comportan un trastorno de la relación a la realidad, perversión y psicosis”. ¿Cómo interviene el padre? Lo hace sobre varios planos, ante todo prohíbe a la madre. Este es el fundamento del complejo de Edipo, su principio. Aquí el padre está ligado a la ley primordial: la prohibición del incesto. El padre es quien está encargado de representar esta interdicción. La relación entre el niño y el padre está dirigida por el temor a la castración. Las propias tendencias agresivas del niño con respecto a su padre, parten de él mismo, en tanto que en el interior de la relación el padre frustra las intenciones del niño con respecto a la madre, entonces éste proyecta imaginariamente su propia agresión en el padre. La castración está ligada a la articulación simbólica de la interdicción del incesto y también es algo que se manifiesta sobre el plano imaginario, teniendo en este punto su partida. En tanto que el padre es amado el sujeto se identifica a él y encuentra su solución, el término del Edipo. Pero la función del padre, la metáfora paterna se dirige a prohibir ante todo la satisfacción real del impulso. “...prohíbe al niño hacer uso de su pene en el momento en que éste empieza a manifestar lo que llamaremos veleidades...”. Luego Lacan se plantea en relación a la función paterna: “... ¿porqué el padre? La experiencia prueba que la madre lo hace también, recuerden la observación del pequeño Hans. La madre le dice: `Guardátelo, eso no se hace´. Es incluso, más a menudo la madre quien dice: `Si continúas haciendo eso, llamaremos al doctor, quien te lo cortará ”. Es decir que el/los agentes de la amenaza de castración son padre y madre, es decir, alguien real, que realiza este acto simbólico y cuyo objeto es imaginario. “si el niño se siente cortado es que lo imagina”, dirá Lacan. Lo que prohíbe el padre es, pues, la madre. Como objeto, ésta es para él, no para el niño. El padre interviene en una frustración, un acto imaginario que concierne a un objeto real, la madre, en tanto que el niño tiene necesidad de ella. El tercer término que está en el Edipo, es el padre en tanto él se hace preferir a la madre. Esta dimensión desemboca en la formación del ideal del yo. En tanto que el padre deviene un objeto preferible a la madre, va a poder establecerse la identificación terminal. La cuestión del Edipo invertido, señala Lacan, que se establece en este nivel. Aquí se centra la cuestión de la diferencia del efecto del complejo sobre el niño y sobre la niña. Lo que sucede al nivel de la identificación ideal en que el padre se hace preferir a la madre, punto central y de salida del Edipo, es algo que debe desembocar en la privación. Entonces, ¿qué es el padre? Es el padre simbólico, dirá Lacan, el padre es una metáfora. ¿Qué es una metáfora? Es un significante que viene en lugar de otro significante. El padre, en el complejo de Edipo, es un significante sustituido a otro significante. “... la función del padre en el complejo de Edipo es ser un significante sustituido al significante, es decir, al primer significante introducido en la simbolización, el significante maternal. Es por eso que el padre viene, según la fórmula que les he explicado una vez que es la de la metáfora, viene al lugar de la madre: S en lugar de S´, que es la madre, la que está ligada ya a algo que era x, es decir, algo que era el significado en la relación del niño a la madre”. Vayamos ahora, a tratar de ver la dinámica que se produce en el Edipo en los distintos tiempos de su despliegue. En un primer tiempo, el niño desea a la madre y este deseo tendrá una dinámica singular ya que en esta relación madre – niño, jugará también el deseo de la madre. El niño llegaría a coincidir con el objeto del deseo de la madre. Para esto, señala Lacan, es necesario que el “je” que está en el discurso del niño venga a constituirse al nivel de ese otro que es la madre, que ese “je” de la madre devenga el otro yo del niño y que lo que circula al nivel de la madre desempeñe su función de mensaje para el niño. Es el mensaje del deseo de la madre, en el nivel metonímico que recibe su identificación al objeto de la madre. El niño asume, explica Lacan, el deseo de la madre, está abierto a devenir el amo en el lugar de la metonimia de la madre, es decir, su a-sujeto. A esto Lacan denomina identificación primitiva, es decir, el intercambio que hace que el yo del sujeto haya venido al lugar de la madre como Otro, mientras el yo de la madre ha devenido su otro (de él). Lo que el niño busca es, deseo de deseo, poder satisfacer el deseo de su madre, ser o no ser el objeto del deseo de la madre. En espejo, el sujeto se identifica a lo que es el objeto del deseo de la madre y esta es la etapa fálica primitiva, donde la metáfora paterna obra en si, en tanto que, ya en el mundo, la primacía del falo está instaurada por la existencia del símbolo del discurso y de la ley. Pero el niño, toma sólo su resultado, para agradar a la madre es suficiente con ser el falo y en esta etapa muchas cosas se detienen en un cierto sentido. En la medida que el mensaje aquí se realiza de una manera satisfactoria un cierto número de trastornos pueden fundarse, entre las cuales están las identificaciones llamadas “perversas”. Se prepara el terreno para que en un segundo tiempo del Edipo, aparezca el padre, ¿cómo aparece?, aparece mediado por la madre como interdictor, por tanto hace su aparición en el discurso materno. Es un “no” que se transmite en el nivel en el que el niño recibe el mensaje esperado de la madre, es un mensaje sobre un mensaje, dirá Lacan. “... es el mensaje de interdicción, no es simplemente para el niño, y ya en esta época `no te acostarás con tu madre´, es también para la madre: `no reintegrarás todas las formas bien conocidas de lo que se llama el instinto maternal´, que encuentra aquí un obstáculo. `no reintegrarás tu producto´. Cada uno sabe que la forma primitiva del instinto materno se manifiesta en ciertos animales, quizás más aún entre los hombres, reintegrando como lo decimos elegantemente, oralmente lo que ha salido por otro lado”. Entonces, estábamos en que a partir de esta interdicción del padre a través del discurso de la madre, el primer logro del niño, a saber, el hallazgo del objeto del deseo de la madre, todo es recuestionado del deseo de ese deseo y deja el deseo del deseo de la madre en suspenso. En este segundo tiempo de Edipo, entonces, el padre interviene en el plano imaginario como privador de la madre. Expresa Lacan: “ Este es el estadio nodal y negativo, por el cual ese algo que desata al sujeto de su identificación lo vuelve a atar al mismo tiempo a la primera aparición de la ley bajo la forma de este hecho: que la madre en eso es dependiente, dependiente de un objeto, de un objeto que ya no es simplemente el objeto de su deseo, sino un objeto que el otro tiene o no tiene”. Este es el momento privativo del complejo de Edipo. El niño, para su beneficio, queda desalojado de esta posición ideal con la que él y su madre podrían satisfacerse y entonces, puede establecerse la tercera etapa, en la que él deviene otra cosa. Deviene lo que tiene que ver con la identificación al padre y el “título virtual para tener lo que el padre tiene”. Es en tanto que interviene el padre como real y como padre potente, en un tercer tiempo, que viene luego de la privación o la castración que lleva sobre la madre, a nivel imaginario del sujeto, de dependencia de la madre, sobre lo que interviene el padre, como aquel que lo tiene y es interiorizado como ideal del yo en el sujeto y por tanto el complejo de Edipo declina. La metáfora paterna tiene como función la institución de algo que es del orden del significante que ahí está en reserva y que la significación se desarrollará más tarde. Citaré nuevamente a Lacan, para referir lo que sucede en este tercer tiempo fundamental del Edipo: “... el padre va a intervenir para dar en tanto que él lo tiene, lo que está en causa en la privación fálica que ha intervenido como término central de la evolución del Edipo, de los tres tiempos del Edipo. Es por eso que va a aparecer efectivamente como acto donativo, no más en los actos de la madre, y por lo tanto aún semi-velados, sino en el discurso. La madre misma, en tanto que el mensaje del padre deviene el mensaje de la madre, deviene el mensaje que permite y autoriza, que va a producir ese algo sobre lo cual el sujeto puede recibir del mensaje lo que ha intentado del mensaje de la madre, pero ahí, por la mediación, por lo intermediario del don o del permiso dado a la madre, es decir, lo que tiene a fin de cuentas, y es efectivamente realizado por el ocaso del Edipo, él tiene esto: que le es permitido tener un pene para más tarde”. Para la mujer, la salida del Edipo es diferente. Para ella, en este tercer tiempo, no tiene que identificarse al padre, sino que lo reconoce como aquel que lo posee, reconoce al hombre que lo tiene. Luego de esta incursión por la dinámica que se produce en el Edipo a partir de la metáfora, vamos ahora a entrar en los resultados diversos que se originan a partir de lo que sucede en el Edipo y la relación de la metáfora con estos resultados o estructuraciones que se producen a partir de la metáfora paterna, que tendrán heterogéneas formas de relación de objeto; entre éstas las psicosis y las llamadas perversiones. 6.Metáfora y Perversión Vayamos ahora hacia las llamadas perversiones y veamos cómo se produce la homosexualidad desde el punto de vista de la metáfora. Cómo se ha dado ésta inversión. Según Lacan, la inversión, se estructura en el nivel de un Edipo pleno y acabado. Un Edipo llegado a la tercera etapa y en la cual el sujeto la modifica bastante para que se pueda decir que el “homosexual macho”, ha realizado plenamente su Edipo bajo una forma invertida. Veamos los rasgos que detalla Lacan como característicos de los homosexuales: una relación perpetua y profunda con la madre. Una función directriz en la pareja parental. Se ha ocupado más del niño que del padre. Se habría ocupado del niño de una manera muy castradora y habría tomado un gran cuidado de su educación. Luego destaca que en el Edipo, es la madre quien se encuentra en un momento decisivo habiendo hecho la ley al padre, en vez de haber sido el padre quien intervenga en la dialéctica del deseo en el Edipo. Es decir, en el momento que por la intervención del padre, habría debido pasar la fase de disolución que concierne a la relación del sujeto con el objeto del deseo de la madre, o sea al hecho de que la posibilidad para él de identificarse al falo fuese completamente cortada de raíz por el hecho de la acción interdictiva del padre, en ese momento es en la estructura de la madre que él encuentra el refuerzo, el soporte que hace que esta crisis no pase. El sujeto experimenta entonces, que la madre es la clave de la situación, que ella no se deja privar, ni desposeer. También señala Lacan que una inversión puede darse por el fracaso de un padre demasiado interdictor y que finalmente es la madre quien ha hecho la ley. El resultado parece ser el mismo en los casos en que el padre está, por su amor demasiado dependiente de la madre y los padres que han quedado muy a distancia y cuyos mensajes no han llegado más que por medio de la madre. Otro señalamiento interesante de Lacan en este punto, tiene que ver, con que la agresividad contra el padre en el Edipo normal del varón ha sido transferida a la madre. El homosexual, ha considerado que la manera de resistir el golpe es identificándose a la madre inquebrantable. Estando en la posición de la madre él va a encontrarse, por eso es que se dirige a un partenaire que es el sustituto del personaje paterno, es decir, como él aparecería en los fantasmas, en los sueños de los homosexuales y la relación con él va a consistir en arruinarlo, en tornarlo incapaz y de hacerse valer al lado de una mujer. Lo no resuelto en el Edipo del invertido, lo que se cuestiona, estaría dado por saber si el padre verdaderamente lo tiene o no lo tiene y eso es lo que demanda el homosexual a su pareja, le exige encontrar en él, el órgano peniano y esto se corresponde con la posición primitiva de la madre, de haber hecho la ley del padre. Por último, para referirnos a este tema, Lacan nos señala que del análisis de los homosexuales, en relación a esta exigencia del pene en la pareja, aparece una cosa de la cual ellos tienen un miedo terrible. El temor de ver el órgano de la mujer porque les sugiere ideas de castración. Lacan, sostiene que esto es verdad, pero no de la manera que se piensa. Porque, aparentemente, lo que los detiene ante el órgano de la mujer es, tras la suposición de la ingesta del falo del padre, el encuentro con ese falo en la penetración. Es esto lo que emerge en el encuentro posible con una vagina femenina, es un falo que representa ese algo de insuperable ante lo cual el sujeto debe no solamente detenerse, sino reencontrar todos los temores y dirá Lacan: “... y que da al peligro de la vagina un sentido totalmente diferente que el que se ha creído deber poner bajo la rúbrica de la vagina dentada, que existe también, pero que a la mirada de la vagina, en tanto que ella contiene al falo hostil, el falo paterno, el falo a la vez fantasmático presente y absorbido por la madre, del cual la madre misma detenta la potencia verdadera ... y es precisamente porque está allí una situación estable, plena de seguridad, una situación con tres patas, que ella no es jamás encarada, es sostenida bajo el aspecto de una relación dual, que jamás en el laberinto de las posiciones del homosexual, y por consiguiente por la falta de analista, la situación no llega a ser jamás, verdaderamente dilucidada”. Por lo tanto, la relación del niño con el falo es esencial en tanto que el falo es el objeto del deseo de la madre. Las perversiones tendrán todas un vínculo con esto, en el fetichismo también habrá una relación del niño con este objeto del más allá del deseo de la madre y allí tenemos una ligazón con una identificación imaginaria a la madre. En el travestismo, es en la posición contraria que el niño asume la dificultad de la relación imaginaria a la madre, él mismo se identifica a la madre fálica. Es propiamente al falo que él se identifica en tanto que este falo está oculto bajo los vestidos de la madre. Estas consecuencias que se producen tras la aceptación, el rechazo, la asunción o no, la simbolización o no de la privación en el complejo de Edipo; serán la neurosis, las psicosis y las perversiones y esto nos habla de la importancia de esta instancia de la metáfora paterna que se lleva a cabo en este tercer tiempo del Edipo. En este punto Lacan plantea: “...¿cuál es la configuración especial de esta relación a la madre, al padre y al falo, que hace que el niño no acepte que la madre no sea privada por el padre de algo que es el objeto de su deseo y en qué medida, en tal caso, es preciso puntuar que en correlación con esta relación, él, el niño, mantiene su identificación al falo?” Luego nos acota que esta relación no es la misma en la neurosis o en las psicosis que en la perversión. La cuestión que se plantea es ser o no ser el falo y pasar, castración mediante, a tenerlo o no tenerlo. Pero aquí está la metáfora paterna y a esto ya nos remitimos más arriba, vayamos ahora a echar una mirada a la neurosis, a la psicosis y su relación con la metáfora. 7. Metáfora: Neurosis y Psicosis A partir de esta intervención del padre en la dialéctica del Edipo y en la medida que el sujeto pueda mediatizar esta interdicción es que devendrá neurótico o en el caso que no pueda soportarlo será psicótico. Así dicho parece simple de entender, pero vayamos al caso Schreber, famoso por tratarse de alguien con una función social importante y porque su caso llegó a las manos de Freud a través de lo que el propio Schreber escribió, enmarcado en lo que es una psicosis. ¿Qué sucede con esta persona? Al acceder al máximo cargo dentro de una institución como la justicia, símbolo de la ley y por tanto de la paternidad, tuvo que responder, precisamente al nombre del padre en su lugar, lugar al que nunca pudo acceder ya que en este tiempo del Edipo habría quedado fuera de este registro por no poder sostener el peso de la interdicción paterna. Y al tener que responder, repito, desde este lugar, de padre simbólico (en la presidencia de la justicia), es cuando irrumpe el delirio y la psicosis. Dice Lacan, “... ahí donde él no puede responder porque él nunca ha advenido allí, el presidente Schreber, ve en el lugar surgir muy precisamente esta estructura realizada por la intervención masiva, real del padre más allá de la madre, pero no soportada en absoluto por él tanto que promotor de la ley, que hace que el presidente Schreber escuche en el punto máximo, fecundo de su psicosis ¿qué cosa? Muy exactamente dos suertes fundamentales de alucinaciones que no están nunca aisladas como tales en los manuales clásicos”. Los acontecimientos característicos de la psicosis como las alucinaciones, los delirios y los neologismos del lenguaje, son abordados también por Lacan, desde el significante. Sería éste universo significante que se manifiesta explícitamente, digamos, en la mente del sujeto, en los mensajes que recibe a través de la alucinaciones verbales, en las palabras neológicas, que enseñan al sujeto un nuevo mundo, un universo significante. Habla de los mensajes sobre un neocódigo en las alucinaciones que recibe el sujeto como viniendo del Otro. También de los mensajes interrumpidos que se presentan como órdenes o cosas por hacer, todo esto, lo vincula con fuerzas de inducción en el sujeto que se hallan disociadas, por un lado, el mensaje, por otro, el código, donde la intervención del discurso del padre se descompone cuando ese algo es abolido desde el origen y nunca ha sido integrado a la vida del sujeto que es precisamente ese algo que hace la coherencia, la autosanción del discurso del padre, el cual habiendo terminado su discurso, este vuelve sobre él, él sanciona como ley. El delirio y su relación con el sujeto psicótico juega su rol importante, ya que en esta relación algo rebasa el juego del significado y las significaciones, hay una afección, una vinculación, una misteriosa presentificación esencial en la que el delirante, el psicótico se aferra a su delirio como algo que es el mismo. El análisis del lenguaje es una herramienta que utiliza Lacan, así como Freud, para investigar el fenómeno psicótico, así como sus relaciones con el significante y el significado. Es aquí cuando habla de metonimia, para designar aquello que sustituye algo que se trata de nombrar, a nivel del nombre. Se nombra una cosa que es su continente, o una parte de ella, o que está en conexión con ella. La metáfora remitiría a lo que Freud llamó condensación y la metonimia al desplazamiento. Nos dice Lacan que: “... la estructuración, la existencia lexical del conjunto del aparato significante son determinantes para los fenómenos presentes en la neurosis, pues el significante es el instrumento con el que se expresa el significado desaparecido. ... A partir de la relación del sujeto con el significante y con el otro, con los diferentes pisos de la alteridad, otro imaginario y Otro simbólico, podremos articular esa intrusión, esa invasión psicológica del significante que se llama la psicosis”. Ahora, la repercusión de la perturbación de la relación con el otro en la función del lenguaje se formula a partir de la oposición de metáfora y metonimia y de las funciones fundamentales de la palabra: “las palabras fundantes y las contraseñas”, dirá Lacan. El fenómeno delirante pone al desnudo en todos los niveles la función del significante en cuanto tal. La condición de toda la investigación de los trastornos funcionales del lenguaje en la neurosis y la psicosis, tiene que ver con la promoción del significante en cuanto tal, la puesta en claro de esa sub-estructura que es la metonimia. Lacan, en este punto, nos da ejemplos refiriéndose al caso Schreber: “... las equivalencias que el delirante Schreber dice son formuladas por los pájaros del cielo, desfilando en el crepúsculo. Encontramos en ellas las asonancias: Santiago o Cartago, Chinesenthum o Jesús-Christum. ¿Es simplemente lo absurdo lo que podemos retener ahí? El hecho que impacta a Shcreber es que los pájaros del cielo no tienen cerebro. Freud no tiene dudas al respecto, son jovencitas. Pero lo importante (continúa), no es la asonancia sino la correspondencia término a término de elementos de discriminación muy cercanos, que sólo tienen alcance, para un políglota como Schreber, dentro del sistema lingüístico alemán. Schreber, con toda su perspicacia, muestra una vez más que lo buscado es del orden del significante, es decir, de la coordinación fonemática. La palabra latina Jesús-Christum sólo es aquí, lo sentimos, un equivalente de Chinesenthum en la medida en que en alemán la terminación tum tiene una sonoridad particular”. Entonces, este inconciente que aflora sin más mediación en la psicosis, el asunto es porqué aparece en lo real. Al parecer, el sujeto rehúsa el acceso a su mundo simbólico de algo que experimentó, que sería la amenaza de castración; es decir, lo que es rehusado en el orden simbólico, vuelve a surgir en lo real. El delirio, su contenido, lo que dice el sujeto, el análisis de la propia ambigüedad de este discurso, nos da elementos para su comprensión. Aquí volvemos entonces, a la importancia del lenguaje particular del delirante, en el que ciertas palabras cobran un énfasis especial, una densidad que se manifiesta en la forma misma del significante, dándole un carácter neológico. A nivel del significante, el delirio se distingue por esa forma especial de discordancia con el lenguaje común que se llama neologismo. “... el enfermo mismo subraya que la palabra en sí misma pesa. Antes de poder ser reducida a otra significación, significa en sí misma algo inefable, es una significación que remite ante todo a la significación en cuanto tal”. Hay dos tipos de fórmulas donde se dibuja el neologismo: la intuición y la fórmula. “La intuición delirante es un fenómeno pleno que tiene para el sujeto un carácter inundante que lo colma ... en el otro extremo tenemos la forma que adquiere la significación cuando ya no remite a nada. Es la fórmula que se repite, se reitera, se machaca con insistencia estereotipada. Podemos llamarla en oposición a la palabra, el estribillo. Ambas formas, las más plena y la más vacía, detienen la significación, son una especie de plomada en la red del discurso del sujeto. Característica estructural que, en el abordaje clínico, permite reconocer la rúbrica del delirio”. Volvamos ahora, a tratar de ver la dinámica de la psicosis, cómo se produce y para esto hemos de volver al tema de la simbolización. Habíamos dicho que puede suceder que algo primordial en lo tocante al ser del sujeto no entre en la simbolización y sea, no reprimido sino rechazado. Que en la relación del sujeto con el símbolo existe la posibilidad que algo no sea simbolizado, que se manifiesta en lo real. Y que esto primordial que no entra en la simbolización se vincula con la etapa en la que el sujeto es atravesado por la metáfora paterna. Esta ley de simbolización es el Edipo. Vayamos a un párrafo en que Lacan nos habla de cómo opera la represión en la neurosis y qué es lo que sucede en el caso del fenómeno psicótico. “... la represión, no es la ley del malentendido, es lo que sucede cuando algo no encaja a nivel de la cadena simbólica. Cada cadena simbólica a la que estamos ligados entraña una coherencia interna, que nos fuerza en un momento a devolver lo que recibimos a otro. Ahora bien, puede ocurrir que no nos sea posible devolver en todos los planos a la vez, y que, en otros términos, la ley nos sea intolerable. No porque lo sea en sí misma, sino porque la posición en que estamos implica un sacrificio que resulta imposible en el plano de las significaciones. Entonces reprimimos: nuestros actos, nuestro discurso, nuestro comportamiento. Pero la cadena, de todos modos, sigue circulando por lo bajo, expresando sus exigencias, haciendo valer su crédito y lo hace por intermedio del síntoma neurótico. En esto es que la represión es el mecanismo de la neurosis”. Y en relación a la psicosis comenta: “¿qué sucede pues en el momento en que lo que no está simbolizado reaparece en lo real? No es inútil introducir el término de defensa. Es claro que lo que aparece bajo el registro de la significación y de una significación que no viene de ninguna parte, que no remite a nada, pero que es una significación esencial, que afecta al sujeto. En ese momento se pone en movimiento lo que interviene cada vez que hay conflicto de órdenes, a saber, la represión. Pero, ¿porqué en este caso la represión no encaja, vale decir, no tiene como resultado lo que se produce en el caso de una neurosis? ...” “... el sujeto, por no poder en modo alguno restablecer el pacto con el otro, por no poder realizar mediación simbólica alguna entre lo nuevo y él mismo, entra en otro modo de mediación, completamente diferente del primero, que sustituye la relación simbólica por un pulular, una proliferación imaginaria, en los que se introduce, de manera deformada y profundamente a-simbólica, la señal central de la mediación posible...”. Finalmente, Lacan, señala que lo importante es ver cómo responde a la demanda de integrar lo que surgió en lo real, que representa lo que nunca pudo simbolizar este sujeto. Esta exigencia del orden simbólico que no pudo ser integrada en lo que ya fue puesto en juego en el movimiento dialéctico en que vivió el sujeto, acarrea una desagregación en cadena, que se llama delirio. Esto, es el fin entonces, de este acercamiento a la obra de Jacques Lacan, a partir de la metáfora paterna y de sus variados resultados que origina el tránsito por esta etapa. 8.

Bibliografía

1- Jacques Lacan, “Escritos 2”, Siglo XXI s.a. 2- J. Lacan, “Los seminarios de Jacques Lacan” / seminario 4. “La relación de objeto” / Clase 1. Ed. Siglo XXI s.a. 3- Idem, clase 2 “tres formas de la falta de objeto”. 4- Idem, clase 3, “el significante y el Espíritu Santo”. 5- Idem, clase 4, “la dialéctica de la frustración”. 6- Idem, clase 12, “Del complejo de Edipo”. 7- J. Lacan, “Los seminarios de Jaques Lacan”, Seminario 5, “Las formaciones del inconciente”/ Clase 9, “La Metáfora paterna I”. 8- Idem, Clase 10, “La Metáfora Paterna II”. 9- Idem, Clase 11, “Del 29 de Enero de 1958”. 10- J. Lacan, “Los seminarios de Jacques Lacan” / Seminario 3, “Las Psicosis” / Clase 17, “Metáfora y Metonimia I, Su gavilla no era avara ni odiosa”. 11- Idem, clase 18, “Metáfora y Metonimia II: articulación significante y transferencia de significado. 12- Idem, clase 1, “Introducción a la cuestión de las psicosis”. 13- Idem, clase 3, “el otro y la psicosis”. 14- Idem, clase 6, “El fenómeno psicótico y su mecanismo”.

  

Recorrido y reflexiones sobre el texto “El cuestionamiento de la familia”, de R. D. Laing.

Para comenzar, es necesario mencionar el contexto socio histórico que existía en torno a la época en que fue publicado el libro. Por el año 1969, año que se publicó, se vivía una gran efervescencia social, de carácter revolucionario, que venía gestándose hacía más de una década por corrientes sociales, filosóficas y políticas que confluyeron en Europa en lo que fue el Mayo francés de 1968. Estas corrientes planteaban, a grandes rasgos, la revolución social a través de la crítica a la sociedad burguesa capitalista y a las instituciones que la sustentan. Dentro de esta corriente revolucionaria, específicamente en el campo de la salud mental, Laing plantea un cambio de paradigma en el abordaje de las intervenciones en este ámbito, cuestionando con su teoría y práctica la institución médica y a la familia, como generadores de salud o enfermedad, pero iré paso a paso. En primer lugar hay un cambio que plantea desde sus prácticas en salud al ir él mismo con el equipo sanitario a la propia casa donde vivía el enfermo y su familia, hay un replanteo y crítica al modelo médico hegemónico asistencialista. Luego realiza toda una teorización para abordar el tema del ser, lo ontológico, y para esto utiliza la teoría psicoanalítica y muestra la importancia de la familia en la constitución del ser humano. Habla de la internalización de la familia y de las relaciones y operaciones que la conforman, éstas existen en cada uno de los elementos que la conforman. En este sentido, señala la Coinherencia “ ... como lo que sentimos que somos en la medida que reconocemos en nuestro interior una presencia común a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, en el partido o en la familia”. En relación a esto, luego hablara de la Nexificación que sería a lo que conduce la superposición recíproca de la familia de cada uno a la familia común y señala la posibilidad de que estos sistemas se tornen cerrados y de su implicancia en relación a la esquizofrenia en este tipo de esquemas familiares. Más adelante, se encomienda en la tarea de definir a la familia: “es un conjunto de elementos con subdivisiones dentro de las cuales se encuentra el yo junto con otras personas que lo contienen”; se refiere al carácter de productora de la identidad de la persona y de su sostén, de por sí implica que el no sostén de alguna forma resultaría en la difusión del yo y en la pérdida del yo, de la identidad, en la pérdida de relación con la realidad, en la enfermedad mental. Luego dice: “ la familia puede ser imaginada como una trama, una flor, una tumba, una cárcel, un castillo. El yo puede ser más conciente de una imagen de la familia que de la familia misma y trasponer las imágenes a la familia ”. Señala aquí, el carácter subjetivo que tiene la familia, sus distintas implicancias y configuraciones simbólicas que puede tener para un ser humano (occidental) y como la subjetividad está por debajo, tiñendo la realidad o la percepción manifiesta que se le presenta al sujeto. Resulta interesante la siguiente frase: “ el espacio y el tiempo son en la familia semejantes al espacio y el tiempo míticos: tienden a ordenarse en torno a un centro y describen ciclos que se repiten ”. Habla de una temporalidad y espacio distinta a la normal, tal vez a la lógica temporal del inconciente en la que no hay una témporo-espacialidad lineal, se refiere también a que hay una tendencia a ordenarse en torno a un centro, este será la madre? ; los ciclos que se repiten, hechos, circunstancias o relaciones que podríamos leer transferencia mediante, pero que tuvieron una inscripción primaria en los primeros años de vida y con el grupo primario en el que se crió, la familia. Recurre, luego, a los mecanismos de defensa y destaca la proyección como “relaciones tripartitas son reducidas a relaciones del yo con el yo”, es decir, que estas operaciones defensivas, como la proyección, fueron en algún momento relaciones entre tres partes (tal vez: padre – madre – hijo?) , referirá tal vez al complejo de edipo? ; lo cierto es que de su resolución o reducción resultará la proyección. En este sentido, realiza un paralelismo entre lo que serían elementos estructurales de las preocupaciones de un sujeto como un conflicto, guerra fría, etc. , y la relación entre sus padres ; y señala que el hombre no advierte esta semejanza, estaría dada aquí la barrera entre conciente e inconciente. Menciona, más adelante que los delirios enmarcados en psicosis se relacionan con situaciones familiares. Habla de una “ superposición de un conjunto de relaciones a otro, ambos conjuntos pueden coincidir en mayor o menor grado. Sólo cuando la discordancia es suficientemente grave a juicio de los demás la operación se considera psicótica ”. Aquí puede estar refiriéndose al conjunto de relaciones internalizadas del sujeto que pueden concordar o no con otros conjuntos existentes y que siempre, a juicio de los demás será considerada psicótica cuando este patrón de relaciones no concuerde con la norma. En el siguiente párrafo, se vuelve a referir a las formas relacionales que se internalizaron y que luego se transfieren a otros ámbitos de la vida extrafamiliares: “Cuando un modelo interno semejante de relaciones témporo espaciales dispuestas en serie es externalizado, parece funcionar a la vez como un esquema que gobierna el modo en que se desean, se temen, se ven suceder los acontecimientos externos y al inducir acciones y reacciones como fantasías y profesías que se cumplen a sí mismas”. Recurriendo nuevamente a los mecanismos de defensa, plantea la función defensiva que cumple la familia para el sujeto y señala que los mecanismos como introyección, proyección, represión, negación, regresión, son intrapsíquicos y que en este punto habría una limitante de la teoría psicoanalítica. Lo plantea de este modo: “ No existe teoría psicoanalítica sobre la naturaleza de las defensas transpersonales ; las defensas por medio de las cuales el yo procura controlar la vida interior del prójimo con el fin de preservar su propia vida interior: ni sobre las técnicas a las que se puede recurrir para hacer frente a la persecución que es su consecuencia “. En este punto, me gustaría reflexionar, desde mi humilde punto de vista, los mecanismos de defensa, sí son intrapsíquicos pero esto no quiere decir que no los utilicemos transpersonalmente, si bien la proyección es una relación yo – yo, de hecho es como me estoy comunicando con otro y a partir de esto puedo tener una mirada de comprensión en el asunto y de hecho podríamos sostener que es lo que con más frecuencia sucede, pero Laing, tal vez, aluda a que no hemos podido descentrarnos de nosotros mismos y poder ver al otro. En cuanto a la familia como defensa detalla que “ la familia llega a ser una defensa contra el derrumbe, la desintegración, la futilidad, la desesperación, la culpa y otras calamidades ... ”, se deduce de esto el papel imprescindible que cumple esta institución como soporte de la sociedad occidental - judeo – cristiana y podríamos esquematizar a modo de ecuación lógica: Preservación de la familia – Preservación del Yo – Preservación del Mundo. Más adelante, el autor, se refiere más específicamente al ámbito de la intervención terapéutica en situaciones sociales. En este sentido remarca la importancia que tienen las decisiones profesionales así como su repercusión en el grupo familiar más allá del paciente. En este marco, critica y cuestiona el modelo médico asistencial hegemónico y propone una intervención en la que se pueda ver la situación social de cerca, plantea el ir al campo, es decir, que el médico salga del hospital junto con el equipo de salud y vayan a intervenir en ese contexto que rodea al paciente. Otro de los elementos que toma en cuenta para abordar una situación familiar es la transmisión generacional de roles. Es decir, su enfoque pretende ser integral, ir más allá del relato de un sujeto, tener en cuenta otros discursos, contextuarlos. Tratar de visualizar la dinámica de la situación familiar, la comunicación. Dice: “... ninguno de los que está en la situación sabe en qué consiste la situación, ... actúan como si se entendieran recíprocamente cuando en realidad nadie entiende a nadie “. Plantea, además, la necesidad y la dificultad de sistematizar las intervenciones y clasificar estrategias. Por otro lado, problematiza lo que implica un diagnóstico y lo asimila a una prescripción social en el caso de la esquizofrenia. Al respecto, señala que “ un diagnóstico de esta especie tiende a provocar una situación como la que define ... ”. Agrega, como recomendación hacia sus colegas psiquiatras: “ aprender a desaprender lo que no se nos ha enseñado en relación a la esquizofrenia ”. En esta misma línea, Laing, continúa evidenciando los aspectos de la medicina hegemónica que resultan iatrogénicos o “enfermantes”, o “esquizofrenizantes”, en el caso de la esquizofrenia, si se me permite el paralogismo; asimismo señala que el sólo hecho o asimetría: “psiquiatra” – “paciente” ya de por sí, genera una desarmonía entre dos seres humanos y podría ser una causa decisiva aunque no originaria de la atribución de esquizofrenia. En este punto, dice que: “ la institucionalización de esa atribución en un conjunto de conductas organizadas observadas por psiquiatras, asistentes sociales, familiares y otras personas es lo que induce buena parte de las conductas posteriores a las que se considera típicas de la esquizofrenia ”. En otro punto de su abordaje de la esquizofrenia en relación a la familia sostiene que: “ la conducta irracional del individuo se presenta en parte como racional en el contexto familiar originario ”. Con esto quiere decir, que su comportamiento se condice con su propio contexto familiar, están íntimamente ligados. Con esta línea de pensamiento, el autor, trata de subir el nivel de abstracción para referirse no ya a la familia sino al mundo: “... se podrá llegar así, con intervención de meta meta meta contextos hasta llegar al contexto de todos los contextos sociales, el sistema total del mundo ... ”. Si tomamos como base la frase anterior podríamos decir que la conducta irracional que podemos ver y vivenciar en carne propia del hombre que habita el planeta tierra, a través de las guerras, el hambre y la miseria que campean como moneda corriente, no es más que el producto del sistema de relaciones de dominación que fuera transmitido oportunamente por los agentes institucionales funcionales a este sistema de relaciones, entre ellos la familia y el modelo médico hegemónico. Para el abordaje de problemáticas en salud mental, rescata varias estrategias y experiencias que intentan una intervención alternativa: por ejemplo la estrategia de Speck, en la que relata una psicosis que se había producido en un vínculo madre – hijo de carácter simbiótico en el que el intercambio con otras personas era nulo y en el que la enfermedad había emergido en este joven. La estrategia fue entonces juntar a todos los amigos de esta familia y vínculos cercanos posibles para poder realizar reuniones conjuntas y a través del aporte de estos distintos núcleos familiares que se había logrado juntar abordar la problemática con la coordinación del terapeuta. Con esto se dio nacimiento a lo que hoy algunos llaman psicoanálisis multifamiliar o terapia multifamiliar. Es un paso revolucionario ya que sitúa el saber y la cura en un nivel más horizontal en relación a la verticalidad del binomio médico – paciente, generando además el trabajo en red y la actitud más activa que se promueve del lado del paciente, así como una mayor escucha del otro lado. Otro de los enfoques que trae es el de “ la reconstrucción de la microhistoria de las transformaciones que se producen a lo largo de varias generaciones en pequeños grupos sociales, especialmente en las familias, como un campo intermedio entre la historia individual y la historia en escala más amplia”. Este sería el ámbito del enfoque transgeneracional, es decir, los sistemas de relaciones, los valores, roles, etc., transmitidos de generación en generación y de los cuales se han cristalizado en las generaciones últimas sin la mediatización suficiente como para que no eclosione en determinado momento la enfermedad como síntoma, expresión de esta no simbolización previa. Luego trae experiencias en hospitales y hogares en los que no hay “psiquiatras” y “pacientes esquizofrénicos”, las reglas son flexibles, hay una promoción de una participación más activa de la población residente. También relata la experiencia “X”, la que se produciría en uno de los estadios evolutivos de la esquizofrenia, en la que habría una regresión, luego una muerte simbólica y por último una resurrección de la persona, tras este proceso la persona quedaría en perfectas condiciones sanitarias; sin embargo, el hospital psiquiátrico y la familia impiden este proceso. En cuanto al concepto de esquizofrenia, Laing lo describe como “ un chaleco de fuerza que ahoga a psiquiatras y pacientes ”.... “ En toda circunstancia un hombre puede quedar atascado, liberarse y verse obligado a volver la espalda y a retroceder un largo trecho para encontrarse a sí mismo nuevamente. Sólo en ciertas condiciones socioeconómicas sufrirá de esquizofrenia ”. Agrego otras frases que me parece ilustran la opinión de Laing: “... si nuestros deseos, sentimientos, esperanzas, temores, percepción, imaginación, memoria, sueños ... no se ajustan a la ley, son proscritos, no por eso dejan de existir, sufren transformaciones secundarias”. “... si el paciente rehúsa aceptar la definición pública de la situación, ello demuestra que sufre el delirio paranoide de que es perseguido por nuestro intento de ayudarlo a comprender que no es perseguido”. Retomando el tema de la transmisión generacional, como una dimensión importante a tener en cuenta en el abordaje de estas problemáticas sanitarias, el autor plantea que “cada generación proyecta en la siguiente elementos derivados del producto de por lo menos tres factores: que fue 1) proyectado en ella por generaciones anteriores; 2) inducido en ella por generaciones anteriores; y 3) su respuesta a esa proyección y esa inducción. Más adelante señala que la mayor parte de las órdenes más tempranas y perdurables que recibimos nos son impartidas en forma de atribuciones; y que el medio más importante que utilizamos para esta clase de comunicación es quizá el lenguaje no verbal. Tal atribución equivale a una orden que debe ser obedecida ciegamente. Ser un niño desobediente es un papel, en un drama familiar determinado. “Eres desobediente”: le están diciendo en realidad que no haga lo que ostensiblemente le dicen que haga...” Vuelve a señalar la importancia de lo paraverbal en la comunicación (señales táctiles, cinéticas, olfativas y visuales); y que éstas forman parte de una red secreta de comunicaciones que no guarda relación con los comunicados verbales oficiales”. En lo que en mi humilde opinión más me interesó de su exposición, sobre todo por la originalidad del planteo, o al menos no conocido por mí de otras fuentes; continúa diciendo: “... esas señales no le dicen que sea desobediente: definen como desobediencia lo que el niño hace; éste se entera que es desobediente y de la manera en que se puede ser desobediente en el contexto de su familia: se trata de una habilidad aprendida”. Habría entonces dos sistemas paralelos que se construyen en nuestro ser mediante lo que antes detallábamos en las palabras del autor, estos sistemas se pondrían de manifiesto cuando las atribuciones y órdenes son contradictorias, cuando todo marcha con suavidad en una situación “normal”, la estructura es menos evidente aunque no presenta diferencias esenciales. Hablamos aquí de constitución del psiquismo? Estos dos sistemas serían el conciente y el inconciente? Parece ser que no va por acá, sino que el meollo del asunto implica que para que estos sistemas se manifiesten o se hagan concientes es necesario que las atribuciones o que a uno le digan: “usted es tal cosa” se contraponga a las órdenes o que le digan: “haga tal cosa”; entonces como resultado habría un aprendizaje de una modalidad de desobediencia. Ahora esto, implicaría una no alineación y por lo tanto una postura no pasiva ante la realidad? No parece quedar muy claro ni muy despejado, avancemos un tanto más y veamos si Laing nos puede sacar del lío en que nos metió.

Bibliografia - Laing, "El cuestionamiento de la familia", 1969, Gedisa.

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